“Nana” de Chuck Palahniuk

Si por algo destaca el americano Chuck Palahniuk es por su absoluta modernidad y sus personajes estrafalarios. O al menos eso es lo que dice la crítica de él. En mi caso “Nana” ha sido el libro que me lo ha presentado como autor, pero os puedo asegurar que no será el último. Para aquellos que gustéis de más referencias del autor os diré que la película “El club de la lucha” de David Fincher y “Asfixia” de Clark Gregg están basadas en sus obras homónimas. Con lo que lo de su contemporaneidad queda más que probado.
En cuanto a “Nana”, no me extrañaría nada que la llevaran también a la gran pantalla. Sino atentos al argumento: Carl Strator es un periodista que lleva a cabo una investigación sobre la muerte súbita infantil, modo en el que él mismo perdió a su hijo. En su investigación descubre que en todos los lugares donde ha fallecido un niño hay un libro que contiene una nana letal. El resto será su periplo por la geografía estadounidense para encontrar el origen de esa nana y destruir todos los ejemplares de dicho libro que existan.
En este punto supongo que diréis: “Pero eso no es más que otra novela americana”, “Otra historia de carretera y de búsqueda del Grial”, o incluso “¿Dónde está lo original?”. Pues sí, no creo que la historia sea muy original, pero sí sin embargo sus personajes y estilo. Un periodista que construye casas en miniaturas, una administradora de fincas “peli-rosa” que vende casas “encantadas”, un necrófilo e incluso una bruja y “una Ostra”. El reparto es cuanto menos variado. El estilo merece un punto y a parte.
Y es que aunque vemos las virtudes y carencias del estilo americano de escritura: mucha acción y poco regodeo estético y reflexión; sus pocas reflexiones sobre la sociedad actual son bastante acertadas. En alguna ocasión molestas y hasta insultantes, pero en boca de sus personajes siempre comprensibles. Aunque para mí lo mejor de su estilo son las repeticiones de las ideas clave de la historia durante la narración. Ellas, más que ninguno otro de sus ardides literarios, crean ese “enganche” a la lectura, marcan el ritmo y te dan la impresión que conoces al personaje mejor de lo que crees. Y sobre las descripciones de los colores ni hablo, porque ocurrentes es lo mínimo que se puede decir de ellas.
Resumiendo, una lectura entretenida y sorprendente (sobre todo al final), que aunque no es profunda, no deja indiferente. Y eso a pesar que el hinchazón del pie del protagonista en un momento de la historia no me es creíble y hasta diría que está cogido por los pelos. Los que lo leáis ya me diréis si os pasa lo mismo.
Los expertos en cultura griega antigua dicen que la gente de aquella época no creía que sus pensamientos les pertenecieran. Cuando los griegos de la Antigüedad tenían una idea, creían que un dios o una diosa les estaba dando una orden. Apolo les estaba diciendo que fueran valientes. Atenea estaba diciendo que se enamoraran.
Ahora la gente oye un anuncio de patatas fritas con sabor a crema agria y salen corriendo a comprarlas, pero a eso lo llaman su libre albedrío.Chuck Palahniuk
“Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago
Hacia tiempo que un libro, como se dice vulgarmente, no me enganchaba como lo ha conseguido hacer con este título el señor Saramago.
Con una prosa de pocos adjetivos, frases sincopadas y ligeras de artificios, se construye una historia de pura humanidad. Imaginad: el mundo empieza a padecer una extraña ceguera blanca. La enfermedad se va extendiendo sin discriminar entre ricos y pobres. El gobierno por miedo a una pandemia envía a quienes se van quedando ciegos a un manicomio en desuso. Allí permanecerán en cuarentena hasta recuperarse o hasta morir. Nadie cuidará de ellos, y la humanidad, por llamarla de algún modo, buscará nuevas vías de organización, como poco, vergonzosas. Sólo una persona, para su desgracia, conservará la vista sin que nadie lo sepa. La única persona, tal vez, que será capaz de ver los horrores de un mundo ciego.
Con esta trama, con pocos agujeros (yo sólo he encontrado uno sin importancia), Saramago consigue hacer una radiografía de los males de nuestro tiempo y de la propia condición humana. Es el primer libro que leo de este premio novel de literatura, pero os aseguro que me he quedado con ganas de más. Porque este señor, además de conseguir enganchar con la trama, demuestra un conocimiento de su oficio certero, que le permite hasta, al final de la historia, poner en tela de juicio a los escritores y la utilidad de los libros. En muchos puntos uno se para y piensa: “Este hombre es bueno, sabe lo que hace”.
En definitiva, una lectura recomendada.
Un minuto después, por una de esas extrañas dimensiones del cuerpo, que escoge, para renunciar, ciertos momentos de angustia o de desesperación, cuando, si se gobernase exclusivamente por la lógica, todo él debería estar en vela y tenso, le entró una especie de sopor, más somnolencia que sueño auténtico, pero tan pesado como él. Inmediatamente soñó que estaba jugando al juego de Y si fuese ciego, soñaba que cerraba y abría los ojos muchas veces, y que, cada vez, como si estuviera regresando de un viaje, lo estaban esperando, firmes y inalterables, todas las formas y los colores, el mundo tal y como lo conocía. Por debajo de esta certidumbre tranquilizadora percibía, no obstante la agitación sorda de una duda, tal vez se tratase de un sueño engañador, un sueño del que forzosamente despertaría más pronto o más tarde, sin saber, en aquel momento, qué realidad le estaría aguardando.
José Saramago. “Ensayo sobre la ceguera”. Publicado en 1995.
John Hawkes (1925-1998)
Cómo llegan los libros a las manos de uno siempre es un misterio. Estoy seguro que vosotros también os habréis encontrado alguna vez con un libro de un autor totalmente desconocido entre las manos, y que éste, más que ninguno antes, os ha sorprendido con su prosa y su historia. Supongo que ya imaginaréis por el título del post que esto mismo es lo que me ha pasado con John Hawkes.
John Hawkes fue un escritor americano post modernista. De estos que hacían metaliteratura. O lo que es lo mismo: de los que inventaron un mundo con su prosa. Un mundo más allá de lo que el gran público conoce por “literatura”. Vamos, un artista de la escritura. Entendiendo artista, y bien alto, como artesano.
La Novela objeto de comentario en este post, y con permiso de sus otras diecisiete obras, es Death, Sleep and the Traveler. Por desgracia esta obra no ha sido editado en España (o al menos no aparece en la base de datos del ISBN), aunque si ha sido editada en otros países. Yo concretamente he tenido la oportunidad de leer su edición francesa: La mort, le sommeil et un voyageur.
Su estilo es característico: no existen los capítulos, sólo una sucesión de párrafos separados por un asterisco, la historia no es más que una sensación del narrador-protagonista, y los diálogos -nunca banales- se enredan con los pensamientos del protagonista de forma deliciosa. Porque aunque si bien es cierto que llega un momento que uno no entiende el triángulo ¿amoroso? entre sus personajes, que los personajes no son más que tres caras del protagonista, y que uno no deja de preguntarse dónde querrá llevarnos Hawkes; su lectura no decepciona (si te gusta la buena literatura).
Lo mejor:
- La ausencia de tiempo, de espacio y hasta casi de historia. Elementos los tres que, paradójicamente, construyen la historia.
- El nombre del protagonista (Allert), con el que Hawkes llama la atención al lector para que no se despiste de su historia.
Lo peor:
- No poder disfrutar de ella en castellano.
- A veces la historia es demasiado fragmentaria.
La sentencia de Muerte, de Maurice Blanchot
“Tenía el presentimiento de que una traición invisible se estaba fraguando, uno de esos actos desgarradores de los que nadie sabe nada, que empiezan en la oscuridad y terminan en el silencio, y contra los cuales la desgracia ignorada no puede defenderse”.
“La sentencia de Muerte”, Maurice Blanchot
Una de mis grandes pasiones es la literatura, y siempre estoy ávido de conseguir nuevas lecturas que me llenen el espíritu y abran nuevas puertas. Este fin de semana he acabado de leer “La sentencia de Muerte“, de Maurice Blanchot (gracias Rolando por la recomendación). Es la primera obra que leo de este gran dramaturgo francés y seguramente no será la última. Con una prosa ligera y trascendente Monsieur Blanchot es capaz de convertir la realidad en un mundo onírico construido tan sólo de vida y muerte. O lo que es lo mismo: de un amor por la vida con un fuerte apego a la muerte.
Intentaré hacer un breve bosquejo sobre la trama, aunque debo confesar que no tengo muy claro aún qué sucede exactamente porque es un poco fragmentaria. La historia se centra principalmente en dos acontecimientos: la muerte física de una mujer y la muerte en “vida” de un hombre. Estos dos hechos constituyen el fin de la historia y el autor lleva al lector hacia estos puntos a través de un camino cargado de una prosa ambigua y leve como la misma muerte.
Por el camino: deliciosas frases cargadas de sentimiento que responden, o no, a una pregunta: ¿Qué es la vida?
Con sus apenas ochenta páginas “La sentencia de Muerte” no es una novela fácil, pero si muy intensa y que agradará a todos aquellos que lean más allá del best-seller. Por mi parte y sin duda: toca releerlo.


