“El mapa y el Territorio” de Michel Houellebecq
“El mapa y el territorio”, galardonada con el premio Goncourt y recientemente publicada por Anagrama, ha sido la primera obra del escritor francés Houllebecq que he leído. Cayó en mis manos sin darme cuenta. Me habían recomendado “Las partículas elementales” y “Plataforma”, al parecer dos de las grandes novelas contemporáneas de la literatura francesa; entré en una librería cualquiera (qué gusto da poder decir aún esto de “una librería cualquiera”, espero que duren muchos siglos), tenía algo de tiempo antes de que empezara la formación para la que mi empresa me había convocado esa tarde, y me puse a buscar entre los lomos de las novelas de ficción. El noventa por ciento de los libros que habían a la vista eran best-sellers con tapas de colores estudiadas al milímetro por los departamentos de marketing de las editoriales. Nada interesante. Me sentí bastante frustrado ¿Se habían convertido las librerías en filiales de venta del mismo pensamiento a granel?
La tendera, que a duras penas ocultaba que había pasado la frontera de los cuarenta y cinco, me preguntó qué buscaba exactamente. Tenía un acento pijo muy acorde con la zona. Y sin pensarlo, me sorprendí pidiendo la última novela de Houllebecq. Contuvo la expresión de “BINGO, la tenemos. La primera venta de la tarde se resistía”. Se acercó a las mismas estanterías en las que yo no había sido capaz de encontrar más que algunos Brown’s y Follet’s, las separó como hizo Moisés con las aguas del Mar Rojo, y apareció una segunda ristra de estantes quién sabe con qué tesoros escondidos. Sólo ella conocía el mapa para encontrarlos.
- Aquí tiene – y me alcanzó el libro con unos gestos tan pretenciosos que, de tener ojos, me habrían mirado por encima del hombro.
- ¿No lo tiene en francés? – le dije después de revisar la contraportada. Tampoco quería ponérselo tan fácil.
- No – Respondió entre ofendida y resignada a perder la venta.
Leí un par de páginas. El estilo de Houllebecq me atrapó en seguida pero dejé pasar algo de tiempo, como evaluando la compra. La librera había reanudado sus quehaceres tras el mostrador. De tanto en cuanto me dedicaba una mirada furtiva, expectante.
- Me lo llevo igualmente.
Levantó la vista del mostrador y sonrió aliviada. Sin duda, en ese barrio de la zona alta no se leía tanto como ella esperaba cuando decidió montar la tienda.
Y os puedo asegurar que la compra fue todo un acierto. La historia fluye mansamente por el mundo de la fotografía, de la pintura y la sociedad post-industrial. Los personajes tienen carisma sin empañar la trama. Y el estilo de Houllebecq, aún traducido, es exquisito.
Reconozco que la tercera parte de la historia, allá por la página doscientos treinta y nueve, me tomó de improviso. La novela policíaca nunca ha sido mi género preferido y ahí el tono de la narración cambia para dar paso a una historia de crímenes y pasiones. Pero, a pesar de la impresión, consiguió engancharme de nuevo. Las reflexiones del mundo contemporáneo de los personajes tuvieron la culpa.
Sin duda una lectura recomendable. Con un tono existencialista y de crítica a la sociedad de consumo, más que un mapa del territorio francés (donde se desarrolla casi la totalidad de la trama), “El mapa y el territorio” es una verdadera disección del homo contemporanius.
Libros para el viaje: “El ganso salvaje” de Ogai Mori
“El ganso salvaje” es una pieza de apenas 153 páginas que no deja indiferente. Hablando con una amiga japonesa me comentaba que el estilo de Ogai Mori era muy きびしい (Kibishii). O lo que es lo mismo: austero. Y aunque yo no habría conseguido describirlo así, debo darle la razón. Su escritura es sobria y sencilla, como una partitura de pocas notas pero muy bien escogidas. Quizás fuera su formación en medicina lo que le dio ese toque kibishii que decía, y que en ocasiones ralla en una precisión quirúrgica.
“De súbito, se vio asaltado por una extraña sensación de soledad y, por unos instantes, perdió la noción de dónde se encontraba. Si tuviera que traducir esta sensación en palabras, diría que era el sentimiento de un padre caído en la miseria y obligado a vender a su hija como mantenida.”
En “El ganso salvaje” Mori explica una historia de amor sin complicadas relaciones o mundos paralelos a lo Murakami. Tampoco hay acción trepidante ni elementos superfluos o florituras literarias. Porque lo interesante de esta historia no es la trama sinó sus personajes y el narrador. En este caso un amigo de los protagonistas que, desde fuera, nos cuenta una de las historias de amor más reales y japonesas que jamás he leído. Donde los sentimientos y el tiempo no son más que una simple recopilación de pequeñas casualidades. Y con un más dificil todavía: sin caer en el romanticismo ni en el desapego, simplemente paseandonos de la mano por su modo de ver la vida.
“En Ueno Hirokôji los incendios eran poco frecuentes y no recuerdo que Matsugen fuera nunca pasto de las llamas, con lo cual es posible que aquella estancia de estilo japonés exista todavía.”
Gracias infinitas a Mercedes Abad por recomendarme esta lectura.
Una buena conversación
A lo largo de la tarde me ha contado muchas cosas curiosas. Que, por las noches, su jardín se llena de enormes mariposas nocturnas. Que su chófer, un digno personaje que me ha conducido a su casa en un Mercedes verde oscuro, tras haber sido condenado por envenenar a su mujer luego se había fugado de la Isla del Diablo. Y me ha descrito un pueblo en lo alto de las montañas del norte que está enteramente habitado por albinos: «individuos menudos, de ojos rosados, blancos como la tiza. De vez en cuando se ven algunos por las calles de Fort de France»
- Sí, claro que la creo.
Ladea su cabeza plateada.
- No, no me cree. Pero se lo demostraré.
“Música para camaleones”, Truman Capote
Encontrar buenos conversadores no es fácil ni habitual. Pero la búsqueda merece la pena pues, cuando das con uno, sus palabras adoquinan caminos inexistentes en nuestra imaginación hasta ese momento.
Última hora: esta foto ha sido destacada en el la red de fotografía Buenafoto.eu
“Paprika” de Yasutaka Tsutsui
“Su conciencia empezó a resquebrajarse y, en el inasible espacio que dejaban los fragmentos caídos, imágenes absurdas empezaron a filtrarse por entre las grietas de su mente”
Paprika, pág. 42
Ya hace unas semanas que terminé de leer “Paprika”, reciente publicación de la editorial Atalanta.Y aprovecho para haceros una breve reseña, que como siempre digo: “el alma del fotógrafo debe nutrirse de todas las artes para enriquecer su visión del mundo”.
El estilo de Yasutaka Tsutsui me ha gustado más que bastante. Es fresco, desenfadado, dinámico y en algunos puntos consigue un ritmo vertiginoso.
En cuanto al argumento, decir que cuenta la historia de Atsuko y Tokita, dos científicos nominados al Nobel que han inventado una máquina capaz de grabar los sueños y a través de la cual pueden curarse enfermedades psicológicas. Hasta aquí tal vez parezca una trama algo rocambolesca, pero os aseguro que no es más que la punta del iceberg. ¿Que pasaría si esa máquina cayera en manos equivocadas? ¿Quien será esa tal Paprika que se introduce en los sueños de la gente adinerada? ¿Es ella quien está volviendo loca a media ciudad? ¿Cuál es la frontera entre la realidad y los sueños? ¿Dónde queda la intimidad en un mundo donde ni los sueños son privados?
Sin embargo, y aunque he disfrutado de la historia, hay un sutil deus ex machina que me ha destrozado la novela. Sí, al final, cuando todo parece imposible de salvar, el autor se saca de la manga una solución que, aunque verosímil, es como si dios bajara de los cielos para decir: “va venga, lo resuelvo yo”. Una verdadera lástima porque de haber resuelto de otro modo ese punto (del cual no daré más información para no destripar la historia) la novela sería redonda.
Definitivamente no se trata del tipo de novelas que leo habitualmente, pero es muy recomendable para las tardes de verano (con una leche rizada al lado) o para leer en el tren. Nada demasiado complejo, con un punto de humor negro a la japonesa y fácil de leer. Estoy seguro que si no fuera por ese maldito deux ex máquina esta obra habría llegado antes a tierras occidentales. Porque a pesar de la tremenda modernidad del texto, “Paprika” es de 1993. Sí, mucho antes de que arrasaran en taquilla Matrix y Origen. Película esta última que guarda sospechosas similitudes con la obra del Sr. Yasutaka.
No es de extrañar pues, que la modernidad de sus textos haya convertido a Yasutaka en un autor de culto en su país y que su obra haya inspirado más de una película. “Paprika” fue incluso adaptada por el gran director de animación Satoshi Kon a una película homónima con una estupenda banda sonora. Sino juzgad vosotros mismos:
En conclusión, tengo claro que no se convertirá en mi novela preferida pero entiendo perfectamente que lo sea de muchos otros. Si buscáis algo entretenido y diferente a la literatura americana y europea: no lo dudéis, Paprika, la detective de los sueños, no os defraudará.
San Jordi en Barcelona
Cada día 23 de abril se celebra sant Jordi en Cataluña, y las calles de la ciudades se llenan de rosas y libros. Pasear por Barcelona este día es realmente agradable. Porque aunque hay muchísima gente por todos lados (más de lo habitual), el aroma a rosas, los conciertos, los escritores firmando y el buen tiempo lo compensan. Supongo que estaréis pensando que con eso del buen tiempo me he pasado, que porque sea san Jordi no va a salir el sol. Pues no sé si será por eso, pero aún no he conocido un san Jordi pasado por agua. Ni siquiera el de este año que ha caído en semana santa.
Floristera preparando las rosas
¿Porqué rosas y libros?
Pues porque en este día es tradición que los hombres regalen a la mujer amada una rosa acompañada de una espiga de trigo (símbolo de fertilidad) y que las mujeres les obsequien un libro. Ésta tradición se remonta varios siglos atrás y con el paso de los años se asoció el hecho de regalar rosas a la leyenda de San Jordi, instaurándose así dicha tradición en el 23 de abril.
Cuenta la leyenda que San Jorge, un soldado romano, salvó a una bella princesa de ser devorada por un dragón que chantajeaba a todo un reino. Les amenazaba con destruirlo todo si una vez al año no le ofrecían una bella joven con la que llenar la tripa. San Jorge, al pasar por la zona, indignado por la atrocidad, clavó su lanza en el dragón hasta matarlo y toda la sangre derramada por el monstruo se convirtió en rosales. De ahí la campaña de márketing, ejem, quiero decir, tradición, de regalar rosas.
En cuanto a regalar libros. El 23 de abril fue instaurado por la UNESCO día internacional del libro en 1995 y se regalan en muchos países. Aunque en Barcelona esto se hace desde 1930, cuando se fijó el 23 de abril como día nacional del libro. Lo del 10% de descuento en libros en este día, y las firmas de libros de los escritores, ya podéis imaginar que es un poco más moderno.
Recomendación: si vais a visitar la ciudad en san Jordi, mejor que sea a primera hora de la mañana. Es cuándo menos gente hay y más agradable es pasear.
“Nana” de Chuck Palahniuk

Si por algo destaca el americano Chuck Palahniuk es por su absoluta modernidad y sus personajes estrafalarios. O al menos eso es lo que dice la crítica de él. En mi caso “Nana” ha sido el libro que me lo ha presentado como autor, pero os puedo asegurar que no será el último. Para aquellos que gustéis de más referencias del autor os diré que la película “El club de la lucha” de David Fincher y “Asfixia” de Clark Gregg están basadas en sus obras homónimas. Con lo que lo de su contemporaneidad queda más que probado.
En cuanto a “Nana”, no me extrañaría nada que la llevaran también a la gran pantalla. Sino atentos al argumento: Carl Strator es un periodista que lleva a cabo una investigación sobre la muerte súbita infantil, modo en el que él mismo perdió a su hijo. En su investigación descubre que en todos los lugares donde ha fallecido un niño hay un libro que contiene una nana letal. El resto será su periplo por la geografía estadounidense para encontrar el origen de esa nana y destruir todos los ejemplares de dicho libro que existan.
En este punto supongo que diréis: “Pero eso no es más que otra novela americana”, “Otra historia de carretera y de búsqueda del Grial”, o incluso “¿Dónde está lo original?”. Pues sí, no creo que la historia sea muy original, pero sí sin embargo sus personajes y estilo. Un periodista que construye casas en miniaturas, una administradora de fincas “peli-rosa” que vende casas “encantadas”, un necrófilo e incluso una bruja y “una Ostra”. El reparto es cuanto menos variado. El estilo merece un punto y a parte.
Y es que aunque vemos las virtudes y carencias del estilo americano de escritura: mucha acción y poco regodeo estético y reflexión; sus pocas reflexiones sobre la sociedad actual son bastante acertadas. En alguna ocasión molestas y hasta insultantes, pero en boca de sus personajes siempre comprensibles. Aunque para mí lo mejor de su estilo son las repeticiones de las ideas clave de la historia durante la narración. Ellas, más que ninguno otro de sus ardides literarios, crean ese “enganche” a la lectura, marcan el ritmo y te dan la impresión que conoces al personaje mejor de lo que crees. Y sobre las descripciones de los colores ni hablo, porque ocurrentes es lo mínimo que se puede decir de ellas.
Resumiendo, una lectura entretenida y sorprendente (sobre todo al final), que aunque no es profunda, no deja indiferente. Y eso a pesar que el hinchazón del pie del protagonista en un momento de la historia no me es creíble y hasta diría que está cogido por los pelos. Los que lo leáis ya me diréis si os pasa lo mismo.
Los expertos en cultura griega antigua dicen que la gente de aquella época no creía que sus pensamientos les pertenecieran. Cuando los griegos de la Antigüedad tenían una idea, creían que un dios o una diosa les estaba dando una orden. Apolo les estaba diciendo que fueran valientes. Atenea estaba diciendo que se enamoraran.
Ahora la gente oye un anuncio de patatas fritas con sabor a crema agria y salen corriendo a comprarlas, pero a eso lo llaman su libre albedrío.Chuck Palahniuk
“Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago
Hacia tiempo que un libro, como se dice vulgarmente, no me enganchaba como lo ha conseguido hacer con este título el señor Saramago.
Con una prosa de pocos adjetivos, frases sincopadas y ligeras de artificios, se construye una historia de pura humanidad. Imaginad: el mundo empieza a padecer una extraña ceguera blanca. La enfermedad se va extendiendo sin discriminar entre ricos y pobres. El gobierno por miedo a una pandemia envía a quienes se van quedando ciegos a un manicomio en desuso. Allí permanecerán en cuarentena hasta recuperarse o hasta morir. Nadie cuidará de ellos, y la humanidad, por llamarla de algún modo, buscará nuevas vías de organización, como poco, vergonzosas. Sólo una persona, para su desgracia, conservará la vista sin que nadie lo sepa. La única persona, tal vez, que será capaz de ver los horrores de un mundo ciego.
Con esta trama, con pocos agujeros (yo sólo he encontrado uno sin importancia), Saramago consigue hacer una radiografía de los males de nuestro tiempo y de la propia condición humana. Es el primer libro que leo de este premio novel de literatura, pero os aseguro que me he quedado con ganas de más. Porque este señor, además de conseguir enganchar con la trama, demuestra un conocimiento de su oficio certero, que le permite hasta, al final de la historia, poner en tela de juicio a los escritores y la utilidad de los libros. En muchos puntos uno se para y piensa: “Este hombre es bueno, sabe lo que hace”.
En definitiva, una lectura recomendada.
Un minuto después, por una de esas extrañas dimensiones del cuerpo, que escoge, para renunciar, ciertos momentos de angustia o de desesperación, cuando, si se gobernase exclusivamente por la lógica, todo él debería estar en vela y tenso, le entró una especie de sopor, más somnolencia que sueño auténtico, pero tan pesado como él. Inmediatamente soñó que estaba jugando al juego de Y si fuese ciego, soñaba que cerraba y abría los ojos muchas veces, y que, cada vez, como si estuviera regresando de un viaje, lo estaban esperando, firmes y inalterables, todas las formas y los colores, el mundo tal y como lo conocía. Por debajo de esta certidumbre tranquilizadora percibía, no obstante la agitación sorda de una duda, tal vez se tratase de un sueño engañador, un sueño del que forzosamente despertaría más pronto o más tarde, sin saber, en aquel momento, qué realidad le estaría aguardando.
José Saramago. “Ensayo sobre la ceguera”. Publicado en 1995.
Por cierto, para los que os guste el buen cine, os recomiendo la versión cinematográfica de la novela. Un gustazo de peli, aunque bastante edulcorada en comparación con el libro.
John Hawkes (1925-1998)
Cómo llegan los libros a las manos de uno siempre es un misterio. Estoy seguro que vosotros también os habréis encontrado alguna vez con un libro de un autor totalmente desconocido entre las manos, y que éste, más que ninguno antes, os ha sorprendido con su prosa y su historia. Supongo que ya imaginaréis por el título del post que esto mismo es lo que me ha pasado con John Hawkes.
John Hawkes fue un escritor americano post modernista. De estos que hacían metaliteratura. O lo que es lo mismo: de los que inventaron un mundo con su prosa. Un mundo más allá de lo que el gran público conoce por “literatura”. Vamos, un artista de la escritura. Entendiendo artista, y bien alto, como artesano.
La Novela objeto de comentario en este post, y con permiso de sus otras diecisiete obras, es Death, Sleep and the Traveler. Por desgracia esta obra no ha sido editado en España (o al menos no aparece en la base de datos del ISBN), aunque si ha sido editada en otros países. Yo concretamente he tenido la oportunidad de leer su edición francesa: La mort, le sommeil et un voyageur.
Su estilo es característico: no existen los capítulos, sólo una sucesión de párrafos separados por un asterisco, la historia no es más que una sensación del narrador-protagonista, y los diálogos -nunca banales- se enredan con los pensamientos del protagonista de forma deliciosa. Porque aunque si bien es cierto que llega un momento que uno no entiende el triángulo ¿amoroso? entre sus personajes, que los personajes no son más que tres caras del protagonista, y que uno no deja de preguntarse dónde querrá llevarnos Hawkes; su lectura no decepciona (si te gusta la buena literatura).
Lo mejor:
- La ausencia de tiempo, de espacio y hasta casi de historia. Elementos los tres que, paradójicamente, construyen la trama.
- El nombre del protagonista (Allert), con el que Hawkes llama la atención al lector para que no se despiste de su historia.
Lo peor:
- No poder disfrutar de ella en castellano.
- A veces la historia es demasiado fragmentaria.
La sentencia de Muerte, de Maurice Blanchot
“Tenía el presentimiento de que una traición invisible se estaba fraguando, uno de esos actos desgarradores de los que nadie sabe nada, que empiezan en la oscuridad y terminan en el silencio, y contra los cuales la desgracia ignorada no puede defenderse”.
“La sentencia de Muerte”, Maurice Blanchot
Una de mis grandes pasiones es la literatura, y siempre estoy ávido de conseguir nuevas lecturas que me llenen el espíritu y abran nuevas puertas. Este fin de semana he acabado de leer “La sentencia de Muerte“, de Maurice Blanchot (gracias Rolando por la recomendación). Es la primera obra que leo de este gran dramaturgo francés y seguramente no será la última. Con una prosa ligera y trascendente Monsieur Blanchot es capaz de convertir la realidad en un mundo onírico construido tan sólo de vida y muerte. O lo que es lo mismo: de un amor por la vida con un fuerte apego a la muerte.
Intentaré hacer un breve bosquejo sobre la trama, aunque debo confesar que no tengo muy claro aún qué sucede exactamente porque es un poco fragmentaria. La historia se centra principalmente en dos acontecimientos: la muerte física de una mujer y la muerte en “vida” de un hombre. Estos dos hechos constituyen el fin de la historia y el autor lleva al lector hacia estos puntos a través de un camino cargado de una prosa ambigua y leve como la misma muerte.
Por el camino: deliciosas frases cargadas de sentimiento que responden, o no, a una pregunta: ¿Qué es la vida?
Con sus apenas ochenta páginas “La sentencia de Muerte” no es una novela fácil, pero si muy intensa y que agradará a todos aquellos que lean más allá del best-seller. Por mi parte y sin duda: toca releerlo.















