La visión fotográfica, por Eduardo Momeñe
Pocos libros hablan tan claro sobre lo que es tomar fotografías e imprimirles una voz propia. De echo este es el primero que consigo enteramente dedicado a este tema tan complejo y esencial para quienes quieren convertirse en fotógrafos.
En este ensayo de penas 160 páginas Eduardo Momeñe explica de dónde viene la fotografía, para que se utiliza y porqué resulta tan importante que los fotógrafos desarrollen una voz propia. Aunque paradójicamente ese no es su punto más fuerte, sino las cientos de referencias fotográficas que ofrece a los recién llegados al mundo de la fotografía o a quienes quieren profundizar en él. Unas referencias que lejos de ser meramente decorativas, Momeñe utiliza como ejemplos de diferentes tipos de voz fotográfica y relaciona inteligentemente entre ellas y con otras tantas obras del mundo del arte.
Sin duda, haber encontrado este libro antes me habría ahorrado mucha investigación
Pros:
- Económico (más o menos 14 €. Lo cual es muy barato teniendo en cuenta lo que suelen costar los libros de fotografía).
- Bien escrito, claro y didáctico.
- Contiene una buena fuente de referencias fotográficas con la que expandir nuestra mirada fotográfica.
- Se puede releer en varias ocasiones sin que pierda interés.
Contras:
- En ocasiones es repetitivo.
- Resulta breve.
- Hay que releerlo varias veces para poder asumir todo el conocimiemto que aporta. (sí, lo considero un pro y un contra por la inversión de tiempo que requiere)
Valoración Final: 4/5
“El mapa y el Territorio” de Michel Houellebecq
“El mapa y el territorio”, galardonada con el premio Goncourt y recientemente publicada por Anagrama, ha sido la primera obra del escritor francés Houllebecq que he leído. Cayó en mis manos sin darme cuenta. Me habían recomendado “Las partículas elementales” y “Plataforma”, al parecer dos de las grandes novelas contemporáneas de la literatura francesa; entré en una librería cualquiera (qué gusto da poder decir aún esto de “una librería cualquiera”, espero que duren muchos siglos), tenía algo de tiempo antes de que empezara la formación para la que mi empresa me había convocado esa tarde, y me puse a buscar entre los lomos de las novelas de ficción. El noventa por ciento de los libros que habían a la vista eran best-sellers con tapas de colores estudiadas al milímetro por los departamentos de marketing de las editoriales. Nada interesante. Me sentí bastante frustrado ¿Se habían convertido las librerías en filiales de venta del mismo pensamiento a granel?
La tendera, que a duras penas ocultaba que había pasado la frontera de los cuarenta y cinco, me preguntó qué buscaba exactamente. Tenía un acento pijo muy acorde con la zona. Y sin pensarlo, me sorprendí pidiendo la última novela de Houllebecq. Contuvo la expresión de “BINGO, la tenemos. La primera venta de la tarde se resistía”. Se acercó a las mismas estanterías en las que yo no había sido capaz de encontrar más que algunos Brown’s y Follet’s, las separó como hizo Moisés con las aguas del Mar Rojo, y apareció una segunda ristra de estantes quién sabe con qué tesoros escondidos. Sólo ella conocía el mapa para encontrarlos.
- Aquí tiene – y me alcanzó el libro con unos gestos tan pretenciosos que, de tener ojos, me habrían mirado por encima del hombro.
- ¿No lo tiene en francés? – le dije después de revisar la contraportada. Tampoco quería ponérselo tan fácil.
- No – Respondió entre ofendida y resignada a perder la venta.
Leí un par de páginas. El estilo de Houllebecq me atrapó en seguida pero dejé pasar algo de tiempo, como evaluando la compra. La librera había reanudado sus quehaceres tras el mostrador. De tanto en cuanto me dedicaba una mirada furtiva, expectante.
- Me lo llevo igualmente.
Levantó la vista del mostrador y sonrió aliviada. Sin duda, en ese barrio de la zona alta no se leía tanto como ella esperaba cuando decidió montar la tienda.
Y os puedo asegurar que la compra fue todo un acierto. La historia fluye mansamente por el mundo de la fotografía, de la pintura y la sociedad post-industrial. Los personajes tienen carisma sin empañar la trama. Y el estilo de Houllebecq, aún traducido, es exquisito.
Reconozco que la tercera parte de la historia, allá por la página doscientos treinta y nueve, me tomó de improviso. La novela policíaca nunca ha sido mi género preferido y ahí el tono de la narración cambia para dar paso a una historia de crímenes y pasiones. Pero, a pesar de la impresión, consiguió engancharme de nuevo. Las reflexiones del mundo contemporáneo de los personajes tuvieron la culpa.
Sin duda una lectura recomendable. Con un tono existencialista y de crítica a la sociedad de consumo, más que un mapa del territorio francés (donde se desarrolla casi la totalidad de la trama), “El mapa y el territorio” es una verdadera disección del homo contemporanius.
Libros para el viaje: “El ganso salvaje” de Ogai Mori
“El ganso salvaje” es una pieza de apenas 153 páginas que no deja indiferente. Hablando con una amiga japonesa me comentaba que el estilo de Ogai Mori era muy きびしい (Kibishii). O lo que es lo mismo: austero. Y aunque yo no habría conseguido describirlo así, debo darle la razón. Su escritura es sobria y sencilla, como una partitura de pocas notas pero muy bien escogidas. Quizás fuera su formación en medicina lo que le dio ese toque kibishii que decía, y que en ocasiones ralla en una precisión quirúrgica.
“De súbito, se vio asaltado por una extraña sensación de soledad y, por unos instantes, perdió la noción de dónde se encontraba. Si tuviera que traducir esta sensación en palabras, diría que era el sentimiento de un padre caído en la miseria y obligado a vender a su hija como mantenida.”
En “El ganso salvaje” Mori explica una historia de amor sin complicadas relaciones o mundos paralelos a lo Murakami. Tampoco hay acción trepidante ni elementos superfluos o florituras literarias. Porque lo interesante de esta historia no es la trama sinó sus personajes y el narrador. En este caso un amigo de los protagonistas que, desde fuera, nos cuenta una de las historias de amor más reales y japonesas que jamás he leído. Donde los sentimientos y el tiempo no son más que una simple recopilación de pequeñas casualidades. Y con un más dificil todavía: sin caer en el romanticismo ni en el desapego, simplemente paseandonos de la mano por su modo de ver la vida.
“En Ueno Hirokôji los incendios eran poco frecuentes y no recuerdo que Matsugen fuera nunca pasto de las llamas, con lo cual es posible que aquella estancia de estilo japonés exista todavía.”
Gracias infinitas a Mercedes Abad por recomendarme esta lectura.
“Viaje al Japón” de Rudyard Kipling
“En este país apacible un hombre puede agacharse y escribir su nombre en el polvo mismo con la seguridad de que, si su escritura está trazada con habilidad, los hijos de sus hijos la dejarán perdurar reverentemente.”
Rudyard Kipling
A estas alturas mi pasión por el país del sol naciente no es ningún secreto. Así que os podéis imaginar que cuando en uno de mis paseos por La Central topé por casualidad con Viaje al Japón, no dudé ni un momento en adoptarlo. Y más cuando me percaté de la errata en el apellido del autor en la portada. ¡Qué se le va a hacer! Me gustan las rarezas.
Hasta la fecha no había leído nada de Kipling. Sí, el autor de El libro de la Selva. Y no, ver la película de Disney no cuenta como aproximación al escritor más joven en ganar el premio Nobel.
Viaje al Japón es una guía de viaje. Pero no una al uso. En ella Kipling narra su travesía por Japón en 1889, cuando el país empezaba a convertirse en la amalgama de tradición y modernidad con la que lo identificamos actualmente.
“- Es un fastidio eso de ser el esclavo de una cámara fotográfica -dijo el Profesor, sometido, sin saberlo, a las muchas influencias de la estación.
- Es un fastidio eso de ser un esclavo de la pluma -respondí; y es que la primavera había llegado al país.”
Con una prosa desenfadada y adjetivos muy bien elegidos, nos pasea en apenas 170 páginas de Nagasaki a Tokyo. Pintan el paisaje descripciones ligeras y amenas conversaciones sobre arquitectura, usos sociales, climatología, historia, arte… Y una clara consternación por la incapacidad de absorber todo lo que ofrece la cultura de un país que le es, no sólo ajeno, sino hasta imposible por su delicadeza y su violencia.
Pero el escritor no viaja solo: el Profesor le acompaña en su travesía. Un personaje inventado para combatir su firme convicción de que la occidentalización es lo peor que puede ocurrirle a Japón. Y es que si algo queda claro con su lectura, es que los detalles exóticos de Japón y el carácter de sus gentes impresionaron al escritor de origen indio hasta tal punto, que cualquier cambio cultural lo califica de flagrante delito.
“El Profesor dice que eso que yo llamo búfalo es en realidad un buey. Lo peor de viajar con un hombre preciso es su precisión.”
A los que esperéis una novela o una guía de viaje como las que conocemos actualmente: olvidadlo. “Viaje al Japón” no es nada de todo eso. Es más bien un paseo en rickshaw por un camino empedrado. Una lectura dulce, rápida y con tropezones culturales indios e ingleses. Enriquecedora y sin traumas. Una escueta delicia de arroz con té inglés.
Aix, ¡qué ganas de reproducir los pasos de Kipling!
Una buena conversación
A lo largo de la tarde me ha contado muchas cosas curiosas. Que, por las noches, su jardín se llena de enormes mariposas nocturnas. Que su chófer, un digno personaje que me ha conducido a su casa en un Mercedes verde oscuro, tras haber sido condenado por envenenar a su mujer luego se había fugado de la Isla del Diablo. Y me ha descrito un pueblo en lo alto de las montañas del norte que está enteramente habitado por albinos: «individuos menudos, de ojos rosados, blancos como la tiza. De vez en cuando se ven algunos por las calles de Fort de France»
- Sí, claro que la creo.
Ladea su cabeza plateada.
- No, no me cree. Pero se lo demostraré.
“Música para camaleones”, Truman Capote
Encontrar buenos conversadores no es fácil ni habitual. Pero la búsqueda merece la pena pues, cuando das con uno, sus palabras adoquinan caminos inexistentes en nuestra imaginación hasta ese momento.
Última hora: esta foto ha sido destacada en el la red de fotografía Buenafoto.eu
The Japan Photo Project
El pasado jueves se presentó en la galería The Private Space el libro de “The Japan Photo Project“. Llevo un año siguiendo este proyecto que embarcó a sus autores (Tina y Toru) en un viaje en caravana por Japón durante 365 días. El objetivo: retratar el país del sol naciente desde el colorido punto de vista de un extranjero (Tina Bagué) y desde la austera mirada en blanco y negro de un japonés (Toru Morimoto).
Aunque mis compromisos laborales me impidieron llegar a tiempo al coloquio, tuve la oportunidad de experimentar el entusiasmo de los asistentes ante la obra fotográfica. Cuando llegué la galería estaba a rebosar, y por suerte, incluso llegué a ver a los artífices de este maravilloso trabajo que me dedicaron su libro.
El libro, que recoge una selección de 181 de las imágenes de este proyecto, lleva por título “Nippon – Japan”. Curiosamente el mismo título que utilicé para mi primer foto libro y que podéis ver aquí. Y tanto el papel como el encuadernado son un regalo a los sentidos. Uno se queda con ganas de más y más imágenes de Tina y Toru. Y viendo algunas de las muchas fotos que han tomado y que no han utilizado en el libro, estoy seguro que acabaran formando parte de artículos de revista y de varios de sus futuros trabajos.
Para los que queráis ver la exposición y estéis en Barcelona, podéis pasar por The Private Space (C/ Roc Boronat 37) hasta el próximo 17 de noviembre. Eso sí, si pensáis comprar el libro de la exposición es probable que tengáis que esperar, pues la primera tirada de 500 ejemplares estaba prácticamente totalmente reservada. Yo, por suerte, lo había comprado hacía un mes a través de la web y ya se ha convertido en una de las joyas de mi biblioteca.
Libros para el fotografo: “Visión y voz” de David DuChemin
Me he pasado mucho tiempo buscando un libro como éste. He leído textos sobre el flujo de trabajo fotográfico, sobre la gestión de archivos digitales, sobre Photoshop, Lightroom y técnicas en blanco y negro. Pero me ha costado bastante llegar hasta un libro sobre lo que realmente me interesa fotográficamente hablando: encontrar una voz con la que mostrar al mundo cómo veo las cosas. Es decir, encontrar lo que podríamos llamar “mi estilo propio”.
“Su visión quiere su propia voz, no la de otro”
David DuChemin
David DuChemin es un fotógrafo especializado en proyectos humanitarios y fotografía global que ha viajado por todo el mundo y que ha obtenido un gran éxito con varios de sus libros. En “Visión y voz, comunicar con la imagen fotográfica” nos enseña cómo utilizar las herramientas digitales para expresar o reforzar lo que queremos expresar. ¿Qué efecto tiene el viñeteado en nuestras imágenes? ¿Y darle claridad a una parte de la fotografía? ¿Cómo se refuerza la atmósfera? ¿Cómo se localiza la intención de la fotografía? ¿Qué atrae al ojo? DuChemin lo revela todo de un modo natural y muy didáctico, y nos introduce en el mundo de los laboratoristas para que refinemos nuestra visión.
“Descubrir lo que mi imagen no quiere parecer es parte de descubrir lo que realmente quiere parecer”
David DuChemin
Si queréis entender cómo Lightroom puede ayudaros a expresar lo que queríais decir cuando tomasteis vuestras fotos, éste libro es un buen punto de partida. Seis capítulos para conocer las herramientas de Lightroom, uno entero con 20 ejemplos concretos de cómo utilizarlas a nuestro favor y otro con las conclusiones. Ocho capítulos en total llenos de consejos con los que pulir el diamante que vimos cuando pusimos la cámara frente al ojo para tomar nuestra fotografía. Y lo mejor de todo, con suficientes referencias y autores a los que dirigirnos tras la lectura de este libro. Incluye incluso ficheros de ejemplo que podremos descargar para practicar los consejos que nos ofrece DuChemin. Sin lugar a dudas, una lectura amena, de utilidad si no usas Lightroom o no sabes exactamente qué efecto darán las barras de ajustes que desplaces; y un buen principio para empezar a encontrar eso que llamamos voz propia.
Tras su lectura siento que he dado un paso en la buena dirección, pero también que aún me falta mucho para encontrar y refinar mi estilo. Aunque, me da la sensación, que éste es un viaje que toma mucho tiempo. Claro que no soy de los que desisten fácilmente, y si hay que descender a los infiernos para conseguir esa imagen, sé descenderá.
“Paprika” de Yasutaka Tsutsui
“Su conciencia empezó a resquebrajarse y, en el inasible espacio que dejaban los fragmentos caídos, imágenes absurdas empezaron a filtrarse por entre las grietas de su mente”
Paprika, pág. 42
Ya hace unas semanas que terminé de leer “Paprika”, reciente publicación de la editorial Atalanta.Y aprovecho para haceros una breve reseña, que como siempre digo: “el alma del fotógrafo debe nutrirse de todas las artes para enriquecer su visión del mundo”.
El estilo de Yasutaka Tsutsui me ha gustado más que bastante. Es fresco, desenfadado, dinámico y en algunos puntos consigue un ritmo vertiginoso.
En cuanto al argumento, decir que cuenta la historia de Atsuko y Tokita, dos científicos nominados al Nobel que han inventado una máquina capaz de grabar los sueños y a través de la cual pueden curarse enfermedades psicológicas. Hasta aquí tal vez parezca una trama algo rocambolesca, pero os aseguro que no es más que la punta del iceberg. ¿Que pasaría si esa máquina cayera en manos equivocadas? ¿Quien será esa tal Paprika que se introduce en los sueños de la gente adinerada? ¿Es ella quien está volviendo loca a media ciudad? ¿Cuál es la frontera entre la realidad y los sueños? ¿Dónde queda la intimidad en un mundo donde ni los sueños son privados?
Sin embargo, y aunque he disfrutado de la historia, hay un sutil deus ex machina que me ha destrozado la novela. Sí, al final, cuando todo parece imposible de salvar, el autor se saca de la manga una solución que, aunque verosímil, es como si dios bajara de los cielos para decir: “va venga, lo resuelvo yo”. Una verdadera lástima porque de haber resuelto de otro modo ese punto (del cual no daré más información para no destripar la historia) la novela sería redonda.
Definitivamente no se trata del tipo de novelas que leo habitualmente, pero es muy recomendable para las tardes de verano (con una leche rizada al lado) o para leer en el tren. Nada demasiado complejo, con un punto de humor negro a la japonesa y fácil de leer. Estoy seguro que si no fuera por ese maldito deux ex máquina esta obra habría llegado antes a tierras occidentales. Porque a pesar de la tremenda modernidad del texto, “Paprika” es de 1993. Sí, mucho antes de que arrasaran en taquilla Matrix y Origen. Película esta última que guarda sospechosas similitudes con la obra del Sr. Yasutaka.
No es de extrañar pues, que la modernidad de sus textos haya convertido a Yasutaka en un autor de culto en su país y que su obra haya inspirado más de una película. “Paprika” fue incluso adaptada por el gran director de animación Satoshi Kon a una película homónima con una estupenda banda sonora. Sino juzgad vosotros mismos:
En conclusión, tengo claro que no se convertirá en mi novela preferida pero entiendo perfectamente que lo sea de muchos otros. Si buscáis algo entretenido y diferente a la literatura americana y europea: no lo dudéis, Paprika, la detective de los sueños, no os defraudará.
San Jordi en Barcelona
Cada día 23 de abril se celebra sant Jordi en Cataluña, y las calles de la ciudades se llenan de rosas y libros. Pasear por Barcelona este día es realmente agradable. Porque aunque hay muchísima gente por todos lados (más de lo habitual), el aroma a rosas, los conciertos, los escritores firmando y el buen tiempo lo compensan. Supongo que estaréis pensando que con eso del buen tiempo me he pasado, que porque sea san Jordi no va a salir el sol. Pues no sé si será por eso, pero aún no he conocido un san Jordi pasado por agua. Ni siquiera el de este año que ha caído en semana santa.
Floristera preparando las rosas
¿Porqué rosas y libros?
Pues porque en este día es tradición que los hombres regalen a la mujer amada una rosa acompañada de una espiga de trigo (símbolo de fertilidad) y que las mujeres les obsequien un libro. Ésta tradición se remonta varios siglos atrás y con el paso de los años se asoció el hecho de regalar rosas a la leyenda de San Jordi, instaurándose así dicha tradición en el 23 de abril.
Cuenta la leyenda que San Jorge, un soldado romano, salvó a una bella princesa de ser devorada por un dragón que chantajeaba a todo un reino. Les amenazaba con destruirlo todo si una vez al año no le ofrecían una bella joven con la que llenar la tripa. San Jorge, al pasar por la zona, indignado por la atrocidad, clavó su lanza en el dragón hasta matarlo y toda la sangre derramada por el monstruo se convirtió en rosales. De ahí la campaña de márketing, ejem, quiero decir, tradición, de regalar rosas.
En cuanto a regalar libros. El 23 de abril fue instaurado por la UNESCO día internacional del libro en 1995 y se regalan en muchos países. Aunque en Barcelona esto se hace desde 1930, cuando se fijó el 23 de abril como día nacional del libro. Lo del 10% de descuento en libros en este día, y las firmas de libros de los escritores, ya podéis imaginar que es un poco más moderno.
Recomendación: si vais a visitar la ciudad en san Jordi, mejor que sea a primera hora de la mañana. Es cuándo menos gente hay y más agradable es pasear.
Libros para el fotografo: “Fotografía de alta calidad” de José M. Mellado
Si hay algún fotógrafo que enseñe de forma clara cómo utilizar Photoshop para mejorar nuestras fotografías digitales, ese es José María Mellado. Sí, lo sé, hay cientos de libros al respecto, pero muy pocos (de hecho no conozco ninguno aún) que lleguen al nivel de éste. ¿Qué lo hace diferente? Pues que no intenta enseñar todas las posibilidades de Photoshop, sino que expone su propio método de trabajo desde que ya ha capturado la imagen hasta su impresión. Cómo calibrar el monitor, qué equipo elegir para trabajar, para qué sirven los megapíxeles, cual es el mejor modo de transformar una imagen de color a blanco y negro, capas de ajuste, retocar sin degradar la imagen… Cuestiones todas ellas enfocadas de un modo muy ameno y práctico. Resultado: sólo muestra aquellas herramientas de Photoshop que son útiles para el fotógrafo. Lo cual permite al neófito no perderse en la inmensidad de este programa. Os puedo asegurar que tras su lectura uno sabe que ha crecido como fotógrafo.
Esto provoca un efecto colateral: las fotografías tienden a “mellear”. O lo que es lo mismo: existe el riesgo que el acabado final de todas nuestras imágenes sea muy parecido, entre ellas, y con las del Sr. Mellado. Por lo que a mi respecta reconozco que he hecho como mías algunas de las técnicas que expone, otras las he desechado y muchas las he adaptado. Creo que es lo que mejor que se puede hacer. Aprender de quienes saben hacer lo que te gusta. Pero por supuesto sin copiarlos. Uno debe enriquecerse para expresar lo que quiere decir y cómo quiere decirlo. Al fin y al cabo, si nuestras fotos son como las de “perico de los palotes”, nunca serán nuestras, porque no mostraran nuestro modo de ver el mundo. Aunque no por ello debemos dejar de estudiar como obtienen sus imágenes los demás fotógrafos. Y este libro es una buena oportunidad para ver el trabajo de un fotógrafo desde dentro, porque en él Mellado descubre toda su técnica.

¿Merece pues la pena hacerse con este libro? Para mi fue muy práctico cuando empecé con esto del retoque digital, y aún a día de hoy consulto de vez en cuando mi ejemplar de “Fotografía digital de alta calidad”. Así que la respuesta es un rotundo sí.
Llegado a este punto estoy seguro que alguno dirá: “Pero si ya hay un segundo libro, ¿porqué me habla éste de un libro basado en Photoshop CS2?”. Pues porque tras la lectura del recientemente publicado “Fotografía de Alta calidad”, tengo la sensación que se trata de una reescritura del mismo libro. Es cierto que se ha actualizado el texto para adaptarse a las versiones más recientes de Photoshop, que las imágenes son nuevas y que hay un par de nuevas técnicas, pero en definitiva nada sustancialmente diferente. Es más, si me apuráis, todas las nuevas técnicas que ofrece este libro se pueden descargar de la página web oficial como acciones de Photoshop. Si tienes el primer volumen, para mi no tiene sentido hacerse con el segundo.
Conclusión (por si no quedó claro): por su modo rápido y efectivo de adentrarnos en el mundo de Photoshop y de ofrecernos un método que mejore nuestro flujo de trabajo, el libro de Mellado es tanto un buen punto de partida para el principiante en el mundo del retoque, como un imprescindible en cualquier biblioteca de fotografo.
Referencias:
- Web oficial “Fotografía digital de alta calidad” (primer libro).
- Web oficial de “Fotografía de alta calidad” (segundo libro).
Los libros y las islas desiertas
Ayer en el programa literario “Nostromo” de TVE2 se trató el tema del CANON. O lo que es lo mismo, los libros que son imprescindible leer antes de morir o los que abría que llevarse a una isla desierta. En el programa, además, entrevistaron a Mercedes Abad, mi mentora en esto de la literatura. Y, por supuesto, sus alumnos fuimos el decorado de lujo a su contribución a la discusión.
A los que os gusten estas rarezas os dejo el enlace al programa:
Lo interesante empieza a partir del minuto 26.
En cualquier caso, esto me ha hecho pensar: ¿Cuáles han sido los libros que más he disfrutado? Y es curioso que aunque guardo gratos recuerdos de muchos autores (Javier de Marías, Murakami, Coelho, Carrol, Palahniuk, Vian…), son pocos los que me han tocado de alguna manera especial. Al final, he llegado a la conclusión que en mi lista de preferidos no fallarían:
- - El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad
- - La Inmortalidad, de Milan Kundera
- - Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago
- - La Odisea, de Homero
- - El extranjero, de Albert Camus
- - Trilogía de Nueva York, de Paul Auster
Y para vosotros: ¿qué libros son vuestros imprescindibles?
“Nana” de Chuck Palahniuk

Si por algo destaca el americano Chuck Palahniuk es por su absoluta modernidad y sus personajes estrafalarios. O al menos eso es lo que dice la crítica de él. En mi caso “Nana” ha sido el libro que me lo ha presentado como autor, pero os puedo asegurar que no será el último. Para aquellos que gustéis de más referencias del autor os diré que la película “El club de la lucha” de David Fincher y “Asfixia” de Clark Gregg están basadas en sus obras homónimas. Con lo que lo de su contemporaneidad queda más que probado.
En cuanto a “Nana”, no me extrañaría nada que la llevaran también a la gran pantalla. Sino atentos al argumento: Carl Strator es un periodista que lleva a cabo una investigación sobre la muerte súbita infantil, modo en el que él mismo perdió a su hijo. En su investigación descubre que en todos los lugares donde ha fallecido un niño hay un libro que contiene una nana letal. El resto será su periplo por la geografía estadounidense para encontrar el origen de esa nana y destruir todos los ejemplares de dicho libro que existan.
En este punto supongo que diréis: “Pero eso no es más que otra novela americana”, “Otra historia de carretera y de búsqueda del Grial”, o incluso “¿Dónde está lo original?”. Pues sí, no creo que la historia sea muy original, pero sí sin embargo sus personajes y estilo. Un periodista que construye casas en miniaturas, una administradora de fincas “peli-rosa” que vende casas “encantadas”, un necrófilo e incluso una bruja y “una Ostra”. El reparto es cuanto menos variado. El estilo merece un punto y a parte.
Y es que aunque vemos las virtudes y carencias del estilo americano de escritura: mucha acción y poco regodeo estético y reflexión; sus pocas reflexiones sobre la sociedad actual son bastante acertadas. En alguna ocasión molestas y hasta insultantes, pero en boca de sus personajes siempre comprensibles. Aunque para mí lo mejor de su estilo son las repeticiones de las ideas clave de la historia durante la narración. Ellas, más que ninguno otro de sus ardides literarios, crean ese “enganche” a la lectura, marcan el ritmo y te dan la impresión que conoces al personaje mejor de lo que crees. Y sobre las descripciones de los colores ni hablo, porque ocurrentes es lo mínimo que se puede decir de ellas.
Resumiendo, una lectura entretenida y sorprendente (sobre todo al final), que aunque no es profunda, no deja indiferente. Y eso a pesar que el hinchazón del pie del protagonista en un momento de la historia no me es creíble y hasta diría que está cogido por los pelos. Los que lo leáis ya me diréis si os pasa lo mismo.
Los expertos en cultura griega antigua dicen que la gente de aquella época no creía que sus pensamientos les pertenecieran. Cuando los griegos de la Antigüedad tenían una idea, creían que un dios o una diosa les estaba dando una orden. Apolo les estaba diciendo que fueran valientes. Atenea estaba diciendo que se enamoraran.
Ahora la gente oye un anuncio de patatas fritas con sabor a crema agria y salen corriendo a comprarlas, pero a eso lo llaman su libre albedrío.Chuck Palahniuk
“Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago
Hacia tiempo que un libro, como se dice vulgarmente, no me enganchaba como lo ha conseguido hacer con este título el señor Saramago.
Con una prosa de pocos adjetivos, frases sincopadas y ligeras de artificios, se construye una historia de pura humanidad. Imaginad: el mundo empieza a padecer una extraña ceguera blanca. La enfermedad se va extendiendo sin discriminar entre ricos y pobres. El gobierno por miedo a una pandemia envía a quienes se van quedando ciegos a un manicomio en desuso. Allí permanecerán en cuarentena hasta recuperarse o hasta morir. Nadie cuidará de ellos, y la humanidad, por llamarla de algún modo, buscará nuevas vías de organización, como poco, vergonzosas. Sólo una persona, para su desgracia, conservará la vista sin que nadie lo sepa. La única persona, tal vez, que será capaz de ver los horrores de un mundo ciego.
Con esta trama, con pocos agujeros (yo sólo he encontrado uno sin importancia), Saramago consigue hacer una radiografía de los males de nuestro tiempo y de la propia condición humana. Es el primer libro que leo de este premio novel de literatura, pero os aseguro que me he quedado con ganas de más. Porque este señor, además de conseguir enganchar con la trama, demuestra un conocimiento de su oficio certero, que le permite hasta, al final de la historia, poner en tela de juicio a los escritores y la utilidad de los libros. En muchos puntos uno se para y piensa: “Este hombre es bueno, sabe lo que hace”.
En definitiva, una lectura recomendada.
Un minuto después, por una de esas extrañas dimensiones del cuerpo, que escoge, para renunciar, ciertos momentos de angustia o de desesperación, cuando, si se gobernase exclusivamente por la lógica, todo él debería estar en vela y tenso, le entró una especie de sopor, más somnolencia que sueño auténtico, pero tan pesado como él. Inmediatamente soñó que estaba jugando al juego de Y si fuese ciego, soñaba que cerraba y abría los ojos muchas veces, y que, cada vez, como si estuviera regresando de un viaje, lo estaban esperando, firmes y inalterables, todas las formas y los colores, el mundo tal y como lo conocía. Por debajo de esta certidumbre tranquilizadora percibía, no obstante la agitación sorda de una duda, tal vez se tratase de un sueño engañador, un sueño del que forzosamente despertaría más pronto o más tarde, sin saber, en aquel momento, qué realidad le estaría aguardando.
José Saramago. “Ensayo sobre la ceguera”. Publicado en 1995.
Por cierto, para los que os guste el buen cine, os recomiendo la versión cinematográfica de la novela. Un gustazo de peli, aunque bastante edulcorada en comparación con el libro.
100 Fotógrafos Españoles
“100 Fotógrafos Españoles (100 Spanish Photographers)” editado por Exit Publicaciones es el mejor (por no decir el único) catálogo de fotógrafos ibéricos. En él se reunen desde mi muy estimado José Mª Mellado (que merece un premio a la divulgación de la didáctica de la fotografía) a la España tradicional de Cristobal Hara. Vamos, que este libro nos pasea por una España ficticia e interpretada por el ojo de quienes nacieron en ella. Pero “100 fotógrafos…” no sólo habla de España, porque aunque sí es cierto que los autores que ilustran sus páginas son españoles, podemos encontrar en él imágenes de todo el mundo (físico y psicológico) en el que éstos se mueven.
Sensualidad, abstracción, foto-periodismo, fotocomposición, soledad, analógico, digital,… En sus páginas se mezclan técnicas y conceptos muy diversos. Y, voy a ser sincero, algunas de las imágenes no son espectaculares (por no llamarlas banales), pero otras muestran una sensibilidad y un buen saber hacer excepcionales. Se puede decir que uno aprende viendo lo que se hace en casa.

En definitiva, éste libro es un homenaje a los que se esconden tras esas imágenes que ilustran nuestro tiempo, y un recorrido por una profesión que en España parece que únicamente está formada por obras anónimos, y que deja de lado a sus autores.
John Hawkes (1925-1998)
Cómo llegan los libros a las manos de uno siempre es un misterio. Estoy seguro que vosotros también os habréis encontrado alguna vez con un libro de un autor totalmente desconocido entre las manos, y que éste, más que ninguno antes, os ha sorprendido con su prosa y su historia. Supongo que ya imaginaréis por el título del post que esto mismo es lo que me ha pasado con John Hawkes.
John Hawkes fue un escritor americano post modernista. De estos que hacían metaliteratura. O lo que es lo mismo: de los que inventaron un mundo con su prosa. Un mundo más allá de lo que el gran público conoce por “literatura”. Vamos, un artista de la escritura. Entendiendo artista, y bien alto, como artesano.
La Novela objeto de comentario en este post, y con permiso de sus otras diecisiete obras, es Death, Sleep and the Traveler. Por desgracia esta obra no ha sido editado en España (o al menos no aparece en la base de datos del ISBN), aunque si ha sido editada en otros países. Yo concretamente he tenido la oportunidad de leer su edición francesa: La mort, le sommeil et un voyageur.
Su estilo es característico: no existen los capítulos, sólo una sucesión de párrafos separados por un asterisco, la historia no es más que una sensación del narrador-protagonista, y los diálogos -nunca banales- se enredan con los pensamientos del protagonista de forma deliciosa. Porque aunque si bien es cierto que llega un momento que uno no entiende el triángulo ¿amoroso? entre sus personajes, que los personajes no son más que tres caras del protagonista, y que uno no deja de preguntarse dónde querrá llevarnos Hawkes; su lectura no decepciona (si te gusta la buena literatura).
Lo mejor:
- La ausencia de tiempo, de espacio y hasta casi de historia. Elementos los tres que, paradójicamente, construyen la trama.
- El nombre del protagonista (Allert), con el que Hawkes llama la atención al lector para que no se despiste de su historia.
Lo peor:
- No poder disfrutar de ella en castellano.
- A veces la historia es demasiado fragmentaria.
MAGNUM MAGNUM, el libro

Hace ya unos días Senseidani me obsequió por mi cumpleaños con este pedazo de regalo. El libro de MAGNUM MAGNUM es una de esas joyas que no pueden faltar en la colección de ningún aficionado a la fotografía. En sus página encontramos una selección de las “mejores” 400 fotografías de los 69 miembros de la agencia MAGNUM (elegidas por sus propios miembros). Del blanco y negro al color, de Robert Capa a Patrick Zachmann, de la fotografía humanista a la más conceptual… Un manantial de inspiración editado por Lunwerg de forma exquisita para conmemorar los 60 años de existencia de dicha agencia.
Para quienes no conozcan la agencia MAGNUM simplemente cuatro notas:
- Fue una de las primeras (por no decir la primera) cooperativa de fotografía fundada en el mundo.
- Fue fundada en 1947 por fotógrafos de la talla de Robert Capa, David Seymour “Chim”, Henri Cartier-Bresson, George Rodger y Bill Vandivert.
- Por primera vez, y mediante esta agencia, los fotógrafos guardaban los derechos de sus fotos, que eran cedidas para su publicación en diarios, revistas y demás medios de comunicación.
- Sus miembros han sido testigos de los cambios que el tiempo ha traído al mundo y han divulgado la historia de la humanidad con sus fotografías.
No estaría mal pertenecer un día a este gran colectivo de profesionales.
De momento sólo queda aprender de ellos y soñar.
La sentencia de Muerte, de Maurice Blanchot
“Tenía el presentimiento de que una traición invisible se estaba fraguando, uno de esos actos desgarradores de los que nadie sabe nada, que empiezan en la oscuridad y terminan en el silencio, y contra los cuales la desgracia ignorada no puede defenderse”.
“La sentencia de Muerte”, Maurice Blanchot
Una de mis grandes pasiones es la literatura, y siempre estoy ávido de conseguir nuevas lecturas que me llenen el espíritu y abran nuevas puertas. Este fin de semana he acabado de leer “La sentencia de Muerte“, de Maurice Blanchot (gracias Rolando por la recomendación). Es la primera obra que leo de este gran dramaturgo francés y seguramente no será la última. Con una prosa ligera y trascendente Monsieur Blanchot es capaz de convertir la realidad en un mundo onírico construido tan sólo de vida y muerte. O lo que es lo mismo: de un amor por la vida con un fuerte apego a la muerte.
Intentaré hacer un breve bosquejo sobre la trama, aunque debo confesar que no tengo muy claro aún qué sucede exactamente porque es un poco fragmentaria. La historia se centra principalmente en dos acontecimientos: la muerte física de una mujer y la muerte en “vida” de un hombre. Estos dos hechos constituyen el fin de la historia y el autor lleva al lector hacia estos puntos a través de un camino cargado de una prosa ambigua y leve como la misma muerte.
Por el camino: deliciosas frases cargadas de sentimiento que responden, o no, a una pregunta: ¿Qué es la vida?
Con sus apenas ochenta páginas “La sentencia de Muerte” no es una novela fácil, pero si muy intensa y que agradará a todos aquellos que lean más allá del best-seller. Por mi parte y sin duda: toca releerlo.


























