El Artista
Cuando me dispuse a abandonar la exposición de The Japan Photo Project, más de la mitad de los visitantes ya se habían marchado. Pero, justo antes de salir, me encontré a este pequeño artista concentrado en crear su propio arte, tirado en medio de la sala y ajeno a quienes pululaban por la exposición. No pude evitarlo: tenía que capturar la instantánea. ¿Estaría decidiendo qué quería ser de mayor?
Le temps glisse
Me acompaña la sensación perpetua de que cada segundo pierdo algo irrecuperable.
Dos pompas de jabón
El pasado domingo, mientras reflexionaba sobre cómo mejorar mi equipo fotográfico (cuestión a la que llevo ya tres meses dando vueltas), topé por casualidad con una jauría de niños que jugaban a explotar pompas de jabón. Y mientras ellos corrían de un lado al otro, saltando y riendo como si nada importara más que aniquilarlas antes de que tocaran al suelo o se desvanecieran en el aire, tomé una decisión. Una semana después, soy consciente de ella. ¡Qué se le va a hacer! Algunas decisiones son de revelado lento.
Agosto en Barcelona
Si agosto es un mes extraño para cualquier ciudad, para una turística mucho más. En urbes como Barcelona, donde todo va muy deprisa, sólo los que se quedan en agosto notan la necesidad de cambios que la propia ciudad imprime.
Los hay que lo empacan todo dispuestos a afrontar los cambios que venga y si es necesario, hasta de salir a su encuentro ellos mismo.
Sin embargo, otros más calmados aprovechan para preguntarse cual es el siguiente paso a dar para cambiar lo que no les gusta de su dia a dia.
Y vosotros, ¿con quien os identificais más?
Lugar Indefinido
Foto tomada en ese lugar en el que la vida se ríe de la muerte y la muerte se come la vida.
Tratamiento de imagen (de la toma al resultado)
Una de las mayores satisfacciones que me proporciona la fotografía es poder observar en qué y cómo se transforman en el laboratorio las imagenes que he capturado.
Porque aunque no siempre consigo reproducir lo que vi en el momento de tomar la fotografía, claro está, cuando consigo acercarme, me recorre una sensación de satisfacción y plenitud dificil de describir.

A veces la toma de la fotografía no es tan buena como debiera (para muestra la imagen de la izquierda), y uno se da contra las paredes por haber subexpuesto tanto, o haberse equivocado en el ángulo o no haber enfocado dónde debía. ¿Cuántas veces me habrá pasado esto? Sólo la experiencia te enseña a conseguir una foto lo más parecida a tu visión simplemente disparando el obturador (y de momento no me sucede tan a menudo como me gustaría). Así que acabo trabajando con lo que tengo. Intento acercarlo a lo que vi en el momento de la toma y reinterpreto la imagen en el laboratorio.
El proceso de sacar la fotografía que se esconde en la imagen capturada es pura magia (y mucho trabajo). Por el camino, máscaras y más máscara, reencuadres, enfoques, capas de detalle, elegir si blanco y negro o color, si el contraste acentua la imagen o la mata, y otras tantas operaciones de estética. Eso sí, todo ello sin perder de vista lo que dice Spielberg: “los mejores efectos especiales son aquellos que no se ven”. Al menos eso es lo que yo intento, porque si bien el post-tratamiento de las imágenes es imprescindible, soy un puritano de la primera toma y no me gusta cambiar demasiadas cosas.
El resultado, en el encabezamiento de este post, queda para que vosotros lo juzguéis.
Reflejos
Los reflejos son mi debilidad. Me encantan esas imágenes que se generan cuando una superficie lisa y brillante devuelve la imagen de otro objeto. Los reflejos nos confunden, mezclan lo que hay dentro y fuera, lo que está o no tras el cristal. Me gustan los reflejos porque modifican el mundo a su medida y construyen otro más allá del espejo.
Aunque tomar fotografías de reflejos no siempre es fácil. Muchos de ellos los podemos descubrir en la noche de cualquier ciudad. Y claro, siempre iremos sin trípode cuando veamos uno interesante, por supuesto. ¡Menos mal que existen los puntos de apoyo para salvar estas situaciones!













