Jikokudani, el parque de los monos (地獄谷野猿公苑)
Al norte de Tokyo, en la prefectura de Nagano se encuentra Jikokudani. Uno de los infiernos de Japón. Conocido de este modo por sus aguas termales naturales.
Sin embargo, uno de los atractivos más importantes de la zona es sin duda el parque natural que se encuentra a 50 minutos en autobús desde la ciudad olímpica de Nagano.
La zona es tranquila y agradable. Perfecta para amantes del senderismo. Aunque sin duda, lo más destacable es la zona del parque donde durante el invierno los monos bajan a tomar su baño caliente al estilo japonés. ¡Vamos, que hasta los monos practican la arraigada tradición del ofuro!
Si os gusta la naturaleza, la fotografía y tenéis pensado ir a Japón en invierno, éste es un lugar que no os podéis perder. Porque cuando está nevado los monos no salen del agua y es muy fácil fotografiarlos.
Las fotos que documentan el post son de finales de marzo. Ya no había prácticamente nieve y los monos se dedicaban a jugar entre ellos. Aunque también se bañaron al final del día.
Para acabar os dejo con un video del parque montado por Senseidani.
http://vimeo.com/62944673
(Spanish) Céret: la capital de las cerezas
En el sur de Francia, a unos 200 kilómetros de Barcelona, se encuentra Céret. Una ciudad de alrededor de 7.000 habitantes, repleta de construcciones medievales y conocida como la capital de las cerezas.
No tenía previsto visitarla, pero como se me pegaron las sábanas, desestimé acercarme hasta Perpignan (si lo hubiera hecho no habría llegado a la cita que tenía fijada), y me desvié de la carretera hacia la que sería mi segunda visita a Céret. La primera me dejó un buen sabor de boca y una nota en mi libreta de apuntas que rezaba así: « Un buen lugar para comer en una de las terrazas, bajo el sol, leyendo un buen libro o en compañía ». Así que si tenía alguna duda, mis propios recuerdos la hicieron desaparecer.
En esta ocasión aparqué junto al puente del diablo. Contruido por el mismo demonio en una sola noche (según la leyenda, claro). Una obra maestra de la arquitectura medieval de en 1321 con vistas sobre el rio Tec y declarado monumento histórico.
Entre sus calles vamos descubriendo que ésta no es una ciudad cualquiera. Y no es sólo que esté bien cuidada, con casas bajas de tejados rojos, un cielo límpido como pocos y sus calles llenas de historia en cada esquina; sino que la iluminación de las calles que tamizan los enormes arces blancos que hay por todas partes las paredes de piedra hacen que uno quiera correr a la sombrerería más cercana para conseguir algo con lo que parecerse a un artista de los de antes.
Es en este punto en el que uno comprende porqué en este rincón del mundo se reunieron artistas de la talla de Picasso, Manolo Hugué, Déodat de Séverac, Juan Gris… Y porqué Céret se considera la meca del cubismo!
Testimonio de su paso por estas calles encontraremos un museo de arte moderno con, entre muchas otras obras, más de 30 Picassos inspirados en los toros.
Y es que esta pequeña ciudad está llena de sorpresas y detalles en cada esquina.
Aunque en esta ocasión mi gran sorpresa fue descubrir que los sábados por la mañana se celebra un mercado tradicional en el centro de la ciudad. Por desgracia, llegué cuando ya lo estaban desmontando.
No obstante, aproveché, y tras una comida bajo el sol, callejeé un poco en busca de ese encanto francés de antaño que esta ciudad aún guarda.




Lo sé, ¿dónde están las cerezas? Pues hasta mayo, nada de nada. Pero ya os adelanto que volveré a esta ciudad, la que más cerezas produce de toda Francia, para capturar los cerezos en flor
(Spanish) Una buena conversación
A lo largo de la tarde me ha contado muchas cosas curiosas. Que, por las noches, su jardín se llena de enormes mariposas nocturnas. Que su chófer, un digno personaje que me ha conducido a su casa en un Mercedes verde oscuro, tras haber sido condenado por envenenar a su mujer luego se había fugado de la Isla del Diablo. Y me ha descrito un pueblo en lo alto de las montañas del norte que está enteramente habitado por albinos: «individuos menudos, de ojos rosados, blancos como la tiza. De vez en cuando se ven algunos por las calles de Fort de France»
- Sí, claro que la creo.
Ladea su cabeza plateada.
- No, no me cree. Pero se lo demostraré.
« Música para camaleones », Truman Capote
Encontrar buenos conversadores no es fácil ni habitual. Pero la búsqueda merece la pena pues, cuando das con uno, sus palabras adoquinan caminos inexistentes en nuestra imaginación hasta ese momento.


















