Literatura, fotografía y otros viajes

Literatura

“El mapa y el Territorio” de Michel Houellebecq

“El mapa y el territorio”, galardonada con el premio Goncourt y recientemente publicada por Anagrama, ha sido la primera obra del escritor francés Houllebecq que he leído. Cayó en mis manos sin darme cuenta. Me habían recomendado “Las partículas elementales” y “Plataforma”, al parecer dos de las grandes novelas contemporáneas de la literatura francesa; entré en una librería cualquiera (qué gusto da poder decir aún esto de “una librería cualquiera”, espero que duren muchos siglos), tenía algo de tiempo antes de que empezara la formación para la que mi empresa me había convocado esa tarde, y me puse a buscar entre los lomos de las novelas de ficción. El noventa por ciento de los libros que habían a la vista eran best-sellers con tapas de colores estudiadas al milímetro por los departamentos de marketing de las editoriales. Nada interesante. Me sentí bastante frustrado ¿Se habían convertido las librerías en filiales de venta del mismo pensamiento a granel?

La tendera, que a duras penas ocultaba que había pasado la frontera de los cuarenta y cinco, me preguntó qué buscaba exactamente. Tenía un acento pijo muy acorde con la zona. Y sin pensarlo, me sorprendí pidiendo la última novela de Houllebecq. Contuvo la expresión de “BINGO, la tenemos. La primera venta de la tarde se resistía”. Se acercó a las mismas estanterías en las que yo no había sido capaz de encontrar más que algunos Brown’s y Follet’s, las separó como hizo Moisés con las aguas del Mar Rojo, y apareció una segunda ristra de estantes quién sabe con qué tesoros escondidos. Sólo ella conocía el mapa para encontrarlos.

- Aquí tiene – y me alcanzó el libro con unos gestos tan pretenciosos que, de tener ojos, me habrían mirado por encima del hombro.

- ¿No lo tiene en francés? – le dije después de revisar la contraportada. Tampoco quería ponérselo tan fácil.

- No – Respondió entre ofendida y resignada a perder la venta.

Leí un par de páginas. El estilo de Houllebecq me atrapó en seguida pero dejé pasar algo de tiempo, como evaluando la compra. La librera había reanudado sus quehaceres tras el mostrador. De tanto en cuanto me dedicaba una mirada furtiva, expectante.

- Me lo llevo igualmente.

Levantó la vista del mostrador y sonrió aliviada. Sin duda, en ese barrio de la zona alta no se leía tanto como ella esperaba cuando decidió montar la tienda.

Y os puedo asegurar que la compra fue todo un acierto. La historia fluye mansamente por el mundo de la fotografía, de la pintura y la sociedad post-industrial. Los personajes tienen carisma sin empañar la trama. Y el estilo de Houllebecq, aún traducido, es exquisito.

Reconozco que la tercera parte de la historia, allá por la página doscientos treinta y nueve, me tomó de improviso. La novela policíaca nunca ha sido mi género preferido y ahí el tono de la narración cambia para dar paso a una historia de crímenes y pasiones. Pero, a pesar de la impresión, consiguió engancharme de nuevo. Las reflexiones del mundo contemporáneo de los personajes tuvieron la culpa.

Sin duda una lectura recomendable. Con un tono existencialista y de crítica a la sociedad de consumo, más que un mapa del territorio francés (donde se desarrolla casi la totalidad de la trama), “El mapa y el territorio” es una verdadera disección del homo contemporanius.


Libros para el viaje: “El ganso salvaje” de Ogai Mori

El ganso salvaje” es una pieza de apenas 153 páginas que no deja indiferente. Hablando con una amiga japonesa me comentaba que el estilo de Ogai Mori era muy きびしい (Kibishii). O lo que es lo mismo: austero. Y aunque yo no habría conseguido describirlo así, debo darle la razón. Su escritura es sobria y sencilla, como una partitura de pocas notas pero muy bien escogidas. Quizás fuera su formación en medicina lo que le dio ese toque kibishii que decía, y que en ocasiones ralla en una precisión quirúrgica.

“De súbito, se vio asaltado por una extraña sensación de soledad y, por unos instantes, perdió la noción de dónde se encontraba. Si tuviera que traducir esta sensación en palabras, diría que era el sentimiento de un padre caído en la miseria y obligado a vender a su hija como mantenida.”

En “El ganso salvaje” Mori explica una historia de amor sin complicadas relaciones o mundos paralelos a lo Murakami. Tampoco hay acción trepidante ni elementos superfluos o florituras literarias. Porque lo interesante de esta historia no es la trama sinó sus personajes y el narrador. En este caso un amigo de los protagonistas que, desde fuera, nos cuenta una de las historias de amor más reales y japonesas que jamás he leído. Donde los sentimientos y el tiempo no son más que una simple recopilación de pequeñas casualidades. Y con un más dificil todavía: sin caer en el romanticismo ni en el desapego, simplemente paseandonos de la mano por su modo de ver la vida.

“En Ueno Hirokôji los incendios eran poco frecuentes y no recuerdo que Matsugen fuera nunca pasto de las llamas, con lo cual es posible que aquella estancia de estilo japonés exista todavía.”

Gracias infinitas a Mercedes Abad por recomendarme esta lectura.


“Viaje al Japón” de Rudyard Kipling

 

“En este país apacible un hombre puede agacharse y escribir su nombre en el polvo mismo con la seguridad de que, si su escritura está trazada con habilidad, los hijos de sus hijos la dejarán perdurar reverentemente.”

Rudyard Kipling

A estas alturas mi pasión por el país del sol naciente no es ningún secreto. Así que os podéis imaginar que cuando en uno de mis paseos por La Central topé por casualidad con Viaje al Japón, no dudé ni un momento en adoptarlo. Y más cuando me percaté de la errata en el apellido del autor en la portada. ¡Qué se le va a hacer! Me gustan las rarezas.

Hasta la fecha no había leído nada de Kipling. Sí, el autor de El libro de la Selva. Y no, ver la película de Disney no cuenta como aproximación al escritor más joven en ganar el premio Nobel.

Viaje al Japón es una guía de viaje. Pero no una al uso. En ella Kipling narra su travesía por Japón en 1889, cuando el país empezaba a convertirse en la amalgama de tradición y modernidad con la que lo identificamos actualmente.

 

“- Es un fastidio eso de ser el esclavo de una cámara fotográfica -dijo el Profesor, sometido, sin saberlo, a las muchas influencias de la estación.

- Es un fastidio eso de ser un esclavo de la pluma -respondí; y es que la primavera había llegado al país.”

Con una prosa desenfadada y adjetivos muy bien elegidos, nos pasea en apenas 170 páginas de Nagasaki a Tokyo. Pintan el paisaje descripciones ligeras y amenas conversaciones sobre arquitectura, usos sociales, climatología, historia, arte… Y una clara consternación por la incapacidad de absorber todo lo que ofrece la cultura de un país que le es, no sólo ajeno, sino hasta imposible por su delicadeza y su violencia.

Pero el escritor no viaja solo: el Profesor le acompaña en su travesía. Un personaje inventado para combatir su firme convicción de que la occidentalización es lo peor que puede ocurrirle a Japón. Y es que si algo queda claro con su lectura, es que los detalles exóticos de Japón y el carácter de sus gentes impresionaron al escritor de origen indio hasta tal punto, que cualquier cambio cultural lo califica de flagrante delito.

“El Profesor dice que eso que yo llamo búfalo es en realidad un buey. Lo peor de viajar con un hombre preciso es su precisión.”

A los que esperéis una novela o una guía de viaje como las que conocemos actualmente: olvidadlo. “Viaje al Japón” no es nada de todo eso. Es más bien un paseo en rickshaw por un camino empedrado. Una lectura dulce, rápida y con tropezones culturales indios e ingleses. Enriquecedora y sin traumas. Una escueta delicia de arroz con té inglés.

Aix, ¡qué ganas de reproducir los pasos de Kipling!

 


Entre costuras

 

En esta ciudad que entrega las playas al mar cuando se las reclama en propiedad. Aquí, donde los agujeros de bala son pura anécdota, las farolas ejército y los libros, en sus estanterías, se apretujan para protegerse del gélido aliento de las pantallas con que los sustituyeron. En esta ciudad sin olfato, que se  reconstruye una y otra vez con sus propios jirones; que por el bien del progreso no ha dudado en sepultarlo todo en asfalto, granito y mármol. Aquí. Sí, aquí un silencioso segundo es suficiente para desaparecer entre  sus costuras. Porque ese es su mayor miedo: el silencio. Y para acallarlo, a golpe de martillo neumático ha creado mil modos de devorar lo que sea y a quien sea.


Diafragma

Mathiew era algo desgarbado. Cualquiera que se lo hubiera cruzado tendría claro que si algo no era, era corriente. Delgado y bastante alto, siempre vestía de azul y su vida se regía por la máxima de que el universo, existía simplemente para que lo observáramos.

Quizás fuera esa capacidad de observación lo que hacía tan interesantes sus conversaciones. Porque por supuesto, además de estrambótico, también era un gran conversador. Poco podía imaginar yo entonces, que fuera aquella charla que mantuvimos bajo un cielo metálico, lo que le llevaría a…


Las Mejores vistas de Barcelona (V)

Nuestros encuentros habían empezado por casualidad. No hacía mucho que había descubierto el placer de escribir, y como en casa era imposible concentrarse pues mis vecinos llevaban tres años de obras, contacté con una inmobiliaria. Había decidido ponerme a escribir y no iba a ser el taladro percutor del quinto cuarta quien me convenciera de lo contrario.

La chica de la agencia me paseó durante semanas por toda la ciudad. Estuvimos en los lugares más insospechados. Desde una antigua carnicería con el olor aún impregnado en las paredes hasta una casa repleta de ángeles de porcelana. No pude evitar imaginarme a la señora que comenzó semejante colección. Quitando minuciosamente el polvo de cada figurita, con su rebeca azul y el cabello amarillento de peinarse con colonia. Hasta la fecha nunca me habría planteado que en realidad ese fuera el tipo de personas que habitan esta ciudad tan chic.

Las semanas pasaron y nuestros encuentros en busca de un estudio en el que escribir se convirtieron en rutina. Ella caminaba delante, yo seguía su impoluto traje de chaqueta por un infinito laberinto de pisos. Llegué a plantearme si aquella peregrinación no era más que un tour por el infierno, visitando los lugares en los que se torturan los pecadores antes de llegar al purgatorio.

Al fin, un dia llegamos a una pequeña habitación. Muy oscura. Ella encendió la luz, ladeó ligeramente la cabeza y levantó los brazos para mostrarme el espacio. Una única bombilla en medio de la sala y una ventana cerrada. Sonrió. Y su sonrisa llenó el espacio de una vida que ya creía inexistente en el mundo. No abrió la ventana ni se me ocurrió pedírselo. No quería que su sonrisa se escapara de esas cuatro paredes. “Si lo desea mañana mismo tendrá instalado un escritorio y una silla”.

Hoy por fin me he despegado de las últimas palabras que necesitaba escribir. Las que me llevaron a buscar esta pequeña habitación en la que recluirme. Y me sorprendo volviendo a recordar su sonrisa. La misma que me ha acompañado sin quererlo durante toda esta travesía, y que ha muerto asfixiada mientras yo escribía. ¿Cuanto tiempo llevo en esta  habitación?

He llamado a la inmobiliaria para verificar si, por una casualidad, ella seguía allí y podía donarme una nueva ración de alegría. Por supuesto, nadie la recordaba. Tampoco yo recuerdo su rostro.

Hoy, por primera vez desde que llegué, he abierto la ventana. El aire ha entrado fresco robando cuanto pudiera quedar de ella, iluminando los rincones más oscuros. Frente a mi ha aparecido un enorme rascacielos que no había visto nunca. Tal vez sólo exista desde esta ventana.

Estuve un tiempo observando las vistas, algo me resultaba familiar. El edificio parecían ser unas oficinas. Dentro hombres y mujeres muy bien vestidos trabajaban frente a sus ordenadores. De vez en cuando paraban de aporrear el teclado y entablaban una breve conversación. Y entonces supe qué era. Hasta hace no demasiado tiempo yo también era uno de ellos. Aprisionado tras los cristales de un enorme rascacielos de vistas preciosas y sin tiempo para observarlas. ¿En qué me había transformado la reclusión? Giré la cabeza y observé la ciudad velada al atardecer con su aire irreal de gran ciudad. Levanté los brazos y se me escapó una sonrisa.

Vistas de la ciudad desde la EOI de Drassanes, y su situación exacta.


“Paprika” de Yasutaka Tsutsui

“Su conciencia empezó a resquebrajarse y, en el inasible espacio  que dejaban los fragmentos caídos, imágenes absurdas empezaron a filtrarse por entre las grietas de su mente”

Paprika, pág. 42

Ya hace unas semanas que terminé de leer “Paprika”, reciente publicación de la editorial Atalanta.Y aprovecho para haceros una breve reseña, que como siempre digo: “el alma del fotógrafo debe nutrirse de todas las artes para enriquecer su visión del mundo”.

El estilo de Yasutaka Tsutsui me ha gustado más que bastante. Es fresco, desenfadado,  dinámico y en algunos puntos consigue un ritmo vertiginoso.

En cuanto al argumento, decir que cuenta la historia de Atsuko y Tokita, dos científicos nominados al Nobel que han inventado una máquina capaz de grabar los sueños y a través de la cual pueden curarse enfermedades psicológicas. Hasta aquí tal vez parezca una trama algo rocambolesca, pero os aseguro que no es más que la punta del iceberg. ¿Que pasaría si esa máquina cayera en manos equivocadas? ¿Quien será esa tal Paprika que se introduce en los sueños de la gente adinerada? ¿Es ella quien está volviendo loca a media ciudad? ¿Cuál es la frontera entre la realidad y los sueños? ¿Dónde queda la intimidad en un mundo donde ni los sueños son privados?

Sin embargo, y aunque he disfrutado de la historia, hay un sutil deus ex machina que me ha destrozado la novela. Sí, al final, cuando todo parece imposible de salvar, el autor se saca de la manga una solución que, aunque verosímil, es como si dios bajara de los cielos para decir: “va venga, lo resuelvo yo”. Una verdadera lástima porque de haber resuelto de otro modo ese punto (del cual no daré más información para no destripar la historia) la novela sería redonda.

Definitivamente no se trata del tipo de novelas que leo habitualmente, pero es muy recomendable para las tardes de verano (con una leche rizada al lado) o para leer en el tren. Nada demasiado complejo, con un punto de humor negro a la japonesa y fácil de leer. Estoy seguro que si no fuera por ese maldito deux ex máquina esta obra habría llegado antes a tierras occidentales. Porque a pesar de la tremenda modernidad del texto, “Paprika” es de 1993. Sí, mucho antes de que arrasaran en taquilla Matrix y Origen. Película esta última que guarda sospechosas similitudes con la obra del Sr. Yasutaka.

No es de extrañar pues, que la modernidad de sus textos haya convertido a Yasutaka en un autor de culto en su país y que su obra haya inspirado más de una película. “Paprika” fue incluso adaptada por el gran director de animación Satoshi Kon a una película homónima con una estupenda banda sonora. Sino juzgad vosotros mismos:

En conclusión, tengo claro que no se convertirá en mi novela preferida pero entiendo perfectamente que lo sea de muchos otros. Si buscáis algo entretenido y diferente a la literatura americana y europea: no lo dudéis, Paprika, la detective de los sueños, no os defraudará.


San Jordi en Barcelona

Cada día 23 de abril se celebra sant Jordi en Cataluña, y las calles de la ciudades se llenan de rosas y libros. Pasear por Barcelona este día es realmente agradable. Porque aunque hay muchísima gente por todos lados (más de lo habitual), el aroma a rosas, los conciertos, los escritores firmando y el buen tiempo lo compensan. Supongo que estaréis pensando que con eso del buen tiempo me he pasado, que porque sea san Jordi no va a salir el sol. Pues no sé si será por eso, pero aún no he conocido un san Jordi pasado por agua. Ni siquiera el de este año que ha caído en semana santa.

Floristera preparando las rosas

¿Porqué rosas y libros?

Pues porque en este día es tradición que los hombres regalen a la mujer amada una rosa acompañada de una espiga de trigo (símbolo de fertilidad) y que las mujeres les obsequien un libro. Ésta tradición se remonta varios siglos atrás y con el paso de los años se asoció el hecho de regalar rosas a la leyenda de San Jordi, instaurándose así dicha tradición en el 23 de abril.

Cuenta la leyenda que San Jorge, un soldado romano, salvó a una bella princesa de ser devorada por un dragón que chantajeaba a todo un reino. Les amenazaba con destruirlo todo si una vez al año no le ofrecían una bella joven con la que llenar la tripa. San Jorge, al pasar por la zona, indignado por la atrocidad, clavó su lanza en el dragón hasta matarlo y toda la sangre derramada por el monstruo se convirtió en rosales. De ahí la campaña de márketing, ejem, quiero decir, tradición, de regalar rosas.

En cuanto a regalar libros. El 23 de abril fue instaurado por la UNESCO día internacional del libro en 1995 y se regalan en muchos países. Aunque en Barcelona esto se hace desde 1930, cuando se fijó el 23 de abril como día nacional del libro. Lo del 10% de descuento en libros en este día, y las firmas de libros de los escritores, ya podéis imaginar que es un poco más moderno.

Recomendación: si vais a visitar la ciudad en san Jordi, mejor que sea a primera hora de la mañana. Es cuándo menos gente hay y más agradable es pasear.

 

 

 


Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino

Las vacaciones han dado para mucho. ¡Nunca pensé que se pudieran hacer tantas cosas en tan solo dos semanas! Lecturas incluidas. Y como por algún sitio hay que empezar para hacer camino, hoy os voy a hablar del libro de Italo Calvino “Si una noche de invierno un viajero” de 1979.

Sí, reconozco que me hice con este libro por el título, que me pareció muy sugerente, y tras hojearlo me resultó más que interesante. La historia lleva al protagonista llamado Lector a una librería a comprarse la última novela de Italo Calvino. El Lector se hará con un ejemplar, por supuesto. Y claro, empezará a leerla. La novela empieza en una estación de tren con una maleta cuyo contenido desconocemos. Pero cuál no será la sorpresa de Lector al descubrir que por un error de encuadernación no puede seguir leyendo la historia. Resignado, vuelve a la librería a pedir explicaciones. Al parecer han encuadernado una novela diferente como si fuera la de Italo Calvino, y no ha sido el único al que le ha pasado. Toda la edición está igual.

Así empieza una historia recomendable a los amantes de la metaliteratura (la literatura que habla de la literatura), que nos lleva a través de diez historias diferentes de las que sólo podremos leer hasta su punto más interesante, mientras intentamos descubrir quién se dedica a dejar las novelas sin final. Por supuesto, por el camino conoceremos a La lectora (Ludmila). Porque estaréis de acuerdo conmigo que una novela no es una novela si no hay historia de amor por medio. Aunque sea bélica, de misterio o histórica, siempre tiene que haber una historia de amor para que sea completa.

El estilo del autor es muy claro, cargado de frases largas pero fáciles de leer. La narración es muy fluida. Encontraremos bastantes reflexiones sobre la literatura y su utilidad en el mundo. Normal, teniendo en cuanta que la novela trata de literatura. Peeeero (siempre hay uno), para mi gusto, el juego de las historias sin final, que al principio es muy divertido, acaba por cansar. Uno termina por preguntarse ¿Es que no me va a explicar ninguna historia? Lo cual no deja de ser paradójico, porque es precisamente lo que Italo Calvino hace. En cualquier caso, el final no decepciona.

En resumidas cuentas: una historia diferente cercana a los cuentos de las mil y una noche que, para salvar la vida, Sherezade nunca acababa de contar.  Sino lo creéis juzgad vosotros mismos:

[...]La novela que más me gustaría leer en este momento – explica Ludmila – debería tener como fuerza motriz sólo las ganas de contar, de acumular historias sobre historias, sin pretender imponerte una visión del mundo, sino sólo hacerte asistir a su propio crecimiento, como una planta, un enmarañarse como de ramas y hojas.

“Si una noche de invierno un viajero”, Italo Calvino

pág. 107- Ed. Siruela, 1989 – Traducción de Esther Benítez


Ni de Eva ni de Adam, Amélie Nothomb

Al parecer, huir es poco glorioso. Lástima, porque es muy agradable. La huida proporciona la más formidable sensación de libertad que se pueda experimentar . Te sientes más libre huyendo que si no tienes nada de lo que huir. El fugitivo tiene los músculos de las piernas en trance, la piel temblorosa, las fosas nasales palpitantes, los ojos abiertos.
El concepto de libertad es un tema tan manido que las primeras palabras me hacen bostezar. La experiencia de la libertad es otra cosa. Uno debería tener siempre algo de lo que huir, para cultivar esa maravillosa posibilidad. De hecho, siempre hay algo de lo que huir, aunque sólo sea de uno mismo.
[...]
Por la ventana, la interminable Siberia, totalmente blanca de invierno, prisión ideal debido a su inmensidad. Los que huyen mueren perdidos en un exceso de espacio. Es la paradoja del infinito: presientes una libertad que no existe. Es una cárcel tan grande que nunca consigues salir de ella. Vista desde el avión resulta fácil comprenderlo.
El Zaratustra que habita en mí se sorprendió al pensar que, a pie, habría dejado huellas en la nieve, y habrían podido seguirme el rastro. Las alas, bendito invento.
¿Huida poco gloriosa? Siempre es mejor que dejarse atrapar. El único deshonor es no ser libre.
Amélie Nothomb, “Ni de Eva ni de Adán”

Como ya habréis deducido, acabo de leerme “Ni de Eva ni de Adán” – en su versión original en francés eso sí -, y tengo que reconocer que me ha sorprendido gratamente. Y, claro está, la entrada de hoy se la vamos a dedicar a la señorita Amélie Nothomb. ¡Qué ya hace unos días que no hablábamos de ninguna novela!

Tal vez sea la ligereza con la que está escrita, dando los detalles justos para que uno construya el entorno, y la sobriedad de sus metáforas e ironía, lo que convierta esta historia, como dicen los ingleses, en un verdadero “page-turner”. Y es que su argumento engancha desde la primera página: La propia escritora, Amélie, es una joven estudiante belga que pronto se incorporará a una gran empresa tokyota. Pero antes de aterrizar en el duro panorama laboral japonés (narrado en “Estupor y temblores“), Amélie disfrutara de la ligereza de los años de universidad. El único periodo de relax que todo japonés tiene antes que su vida se vea constreñida por las estrictas normas que rigen la edad adulta. Así pues, y decidida a aprender japonés enseñando el francés, Amélie-autora nos sumerge en una relación amorosa (o no) entre Amélie-personaje y Rinri, un japonés decidido a aprender francés.

Con semejante trama seguramente os diréis que lo único exótico que puede tener esta novela sea que esté ambientada en el Japón de 1989. Pero nada más lejos de la realidad. La prosa de la novela está tan desnuda de artificio que hace que nos creamos a la protagonista totalmente. Claro que el hecho que se trate de una “ficción autobiográfica” narrada en primera persona, le da más verosimilitud. Eso sí, y a pesar del buen saber hacer de la escritora, sólo recomiendo esta novela para leer en verano. Ya sé que puede parecer una estupidez, pero ésta es una novela demasiado suave para leer en invierno, época en la que se necesitan leños que calienten durante un buen tiempo, y no sólo que ardan rápido. Porque es que la novela se lee en unas pocas horas.

En cualquier caso, recomiendo esta novela a quienes disfruten de los malentendidos interculturales, del país del sol naciente (con una visión occidental), de las historias de amor, de las historias que no quieren hablar de amor, y a quienes aún crean que el camino para entender a otra persona es más complicado que comprenderse a uno mismo.


Los libros y las islas desiertas

Ayer en el programa literario “Nostromo” de TVE2 se trató el tema del CANON. O lo que es lo mismo, los libros que son imprescindible leer antes de morir o los que abría que llevarse a una isla desierta. En el programa, además, entrevistaron a Mercedes Abad, mi mentora en esto de la literatura. Y, por supuesto, sus alumnos fuimos el decorado de lujo a su contribución a la discusión.

A los que os gusten estas rarezas os dejo el enlace al programa:

Lo interesante empieza a partir del minuto 26.

En cualquier caso, esto me ha hecho pensar: ¿Cuáles han sido los libros que más he disfrutado? Y es curioso que aunque guardo gratos recuerdos de muchos autores (Javier de Marías, Murakami, Coelho, Carrol, Palahniuk, Vian…), son pocos los que me han tocado de alguna manera especial. Al final, he llegado a la conclusión que en mi lista de preferidos no fallarían:

  • - El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad
  • - La Inmortalidad, de Milan Kundera
  • Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago
  • - La Odisea, de Homero
  • - El extranjero, de Albert Camus
  • - Trilogía de Nueva York, de Paul Auster

Y para vosotros: ¿qué libros son vuestros imprescindibles?


“Nana” de Chuck Palahniuk

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Si por algo destaca el americano Chuck Palahniuk es por su absoluta modernidad y sus personajes estrafalarios. O al menos eso es lo que dice la crítica de él. En mi caso “Nana” ha sido el libro que me lo ha presentado como autor, pero os puedo asegurar que no será el último. Para aquellos que gustéis de más referencias del autor os diré que la película “El club de la lucha” de David Fincher y “Asfixia” de Clark Gregg están basadas en sus obras homónimas. Con lo que lo de su contemporaneidad queda más que probado.

En cuanto a “Nana”, no me extrañaría nada que la llevaran también a la gran pantalla. Sino atentos al argumento: Carl Strator es un periodista que lleva a cabo una investigación sobre la muerte súbita infantil, modo en el que él mismo perdió a su hijo. En su investigación descubre que en todos los lugares donde ha fallecido un niño hay un libro que contiene una nana letal. El resto será su periplo por la geografía estadounidense para encontrar el origen de esa nana y destruir todos los ejemplares de dicho libro que existan.

En este punto supongo que diréis: “Pero eso no es más que otra novela americana”, “Otra historia de carretera y de búsqueda del Grial”, o incluso “¿Dónde está lo original?”. Pues sí, no creo que la historia sea muy original, pero sí sin embargo sus personajes y estilo. Un periodista que construye casas en miniaturas, una administradora de fincas “peli-rosa” que vende casas “encantadas”, un necrófilo e incluso una bruja y “una Ostra”. El reparto es cuanto menos variado. El estilo merece un punto y a parte.

Y es que aunque vemos las virtudes y carencias del estilo americano de escritura: mucha acción y poco regodeo estético y reflexión; sus pocas reflexiones sobre la sociedad actual son bastante acertadas. En alguna ocasión molestas y hasta insultantes, pero en boca de sus personajes siempre comprensibles. Aunque para mí lo mejor de su estilo son las repeticiones de las ideas clave de la historia durante la narración. Ellas, más que ninguno otro de sus ardides literarios, crean ese “enganche” a la lectura, marcan el ritmo y te dan la impresión que conoces al personaje mejor de lo que crees. Y sobre las descripciones de los colores ni hablo, porque ocurrentes es lo mínimo que se puede decir de ellas.

Resumiendo, una lectura entretenida y sorprendente (sobre todo al final), que aunque no es profunda, no deja indiferente. Y eso a pesar que el hinchazón del pie del protagonista en un momento de la historia no me es creíble y hasta diría que está cogido por los pelos. Los que lo leáis ya me diréis si os pasa lo mismo.

Los expertos en cultura griega antigua dicen que la gente de aquella época no creía que sus pensamientos les pertenecieran. Cuando los griegos de la Antigüedad tenían una idea, creían que un dios o una diosa les estaba dando una orden. Apolo les estaba diciendo que fueran valientes. Atenea estaba diciendo que se enamoraran.
Ahora la gente oye un anuncio de patatas fritas con sabor a crema agria y salen corriendo a comprarlas, pero a eso lo llaman su libre albedrío.

Chuck Palahniuk


“Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago

ensayosobrelacegueraHacia tiempo que un libro, como se dice vulgarmente, no me enganchaba como lo ha conseguido hacer con este título el señor Saramago.

Con una prosa de pocos adjetivos, frases sincopadas y  ligeras de artificios, se construye una historia de pura humanidad. Imaginad: el mundo empieza a padecer una extraña ceguera blanca. La enfermedad se va extendiendo sin discriminar entre ricos y pobres. El gobierno por miedo a una pandemia envía a quienes se van quedando ciegos a un manicomio en desuso. Allí permanecerán en cuarentena hasta recuperarse o hasta morir. Nadie cuidará de ellos, y la humanidad, por llamarla de algún modo, buscará nuevas vías de organización, como poco, vergonzosas. Sólo una persona, para su desgracia, conservará la vista sin que nadie lo sepa. La única persona, tal vez, que será capaz de ver los horrores de un mundo ciego.

Con esta trama, con pocos agujeros (yo sólo he encontrado uno sin importancia), Saramago consigue hacer una radiografía de los males de nuestro tiempo y de la propia condición humana. Es el primer libro que leo de este premio novel de literatura, pero os aseguro que me he quedado con ganas de más. Porque este señor, además de conseguir enganchar con la trama, demuestra un conocimiento de su oficio certero, que le permite hasta, al final de la historia, poner en tela de juicio a los escritores y la utilidad de los libros. En muchos puntos uno se para y piensa: “Este hombre es bueno, sabe lo que hace”.

En definitiva, una lectura recomendada.

Un minuto después, por una de esas extrañas dimensiones del cuerpo, que escoge, para renunciar, ciertos momentos de angustia o de desesperación, cuando, si se gobernase exclusivamente por la lógica, todo él debería estar en vela y tenso, le entró una especie de sopor, más somnolencia que sueño auténtico, pero tan pesado como él. Inmediatamente soñó que estaba jugando al juego de Y si fuese ciego, soñaba que cerraba y abría los ojos muchas veces, y que, cada vez, como si estuviera regresando de un viaje, lo estaban esperando, firmes y inalterables, todas las formas y los colores, el mundo tal y como lo conocía. Por debajo de esta certidumbre tranquilizadora percibía, no obstante la agitación sorda de una duda, tal vez se tratase de un sueño engañador, un sueño del que forzosamente despertaría más pronto o más tarde, sin saber, en aquel momento, qué realidad le estaría aguardando.

José Saramago. “Ensayo sobre la ceguera”. Publicado en 1995.

Por cierto, para los que os guste el buen cine, os recomiendo la versión cinematográfica de la novela. Un gustazo de peli, aunque bastante edulcorada en comparación con el libro.


John Hawkes (1925-1998)

portada-libro161Cómo llegan los libros a las manos de uno siempre es un misterio. Estoy seguro que vosotros también os habréis encontrado alguna vez con un libro de un autor totalmente desconocido entre las manos, y que éste, más que ninguno antes, os ha sorprendido con su prosa y su historia. Supongo que ya imaginaréis por el título del post que esto mismo es lo que me ha pasado con John Hawkes.


John Hawkes
fue un escritor americano post modernista. De estos que hacían metaliteratura. O lo que es lo mismo: de los que inventaron un mundo con su prosa. Un mundo más allá de lo que el gran público conoce por “literatura”. Vamos, un artista de la escritura. Entendiendo artista, y bien alto, como artesano.

La Novela objeto de comentario en este post, y con permiso de sus otras diecisiete obras, es Death, Sleep and the Traveler. Por desgracia esta obra no ha sido editado en España (o al menos no aparece en la base de datos del ISBN), aunque si ha sido editada en otros países. Yo concretamente he tenido la oportunidad de leer su edición francesa: La mort, le sommeil et un voyageur.

Su estilo es característico: no existen los capítulos, sólo una sucesión de párrafos separados por un asterisco, la historia no es más que una sensación del narrador-protagonista, y los diálogos -nunca banales- se enredan con los pensamientos del protagonista de forma deliciosa. Porque aunque si bien es cierto que llega un momento que uno no entiende el triángulo ¿amoroso? entre sus personajes, que los personajes no son más que tres caras del protagonista, y que uno no deja de preguntarse dónde querrá llevarnos Hawkes; su lectura no decepciona (si te gusta la buena literatura).

Lo mejor:

  • La ausencia de tiempo, de espacio y hasta casi de historia. Elementos los tres  que, paradójicamente, construyen la trama.
  • El nombre del protagonista (Allert), con el que Hawkes llama la atención al lector para que no se despiste de su historia.

Lo peor:

  • No poder disfrutar de ella en castellano.
  • A veces la historia es demasiado fragmentaria.

La sentencia de Muerte, de Maurice Blanchot

maurice“Tenía el presentimiento de que una traición invisible se estaba fraguando, uno de esos actos desgarradores de los que nadie sabe nada, que empiezan en la oscuridad y terminan en el silencio, y contra los cuales la desgracia ignorada no puede defenderse”.

“La sentencia de Muerte”, Maurice Blanchot

Una de mis grandes pasiones es la literatura, y siempre estoy ávido de conseguir nuevas lecturas que me llenen el espíritu y abran nuevas puertas. Este fin de semana he acabado de leer “La sentencia de Muerte“, de Maurice Blanchot (gracias Rolando por la recomendación). Es la primera obra que leo de este gran dramaturgo francés y seguramente no será la última. Con una prosa ligera y trascendente Monsieur Blanchot es capaz de convertir la realidad en un mundo onírico construido tan sólo de vida y muerte. O lo que es lo mismo: de un amor por la vida con un fuerte apego a la muerte.

Intentaré hacer un breve bosquejo sobre la trama, aunque debo confesar que no tengo muy claro aún qué sucede exactamente porque es un poco fragmentaria. La historia se centra principalmente en dos acontecimientos: la muerte física de una mujer y la muerte en “vida” de un hombre. Estos dos hechos constituyen el fin de la historia y el autor lleva al lector hacia estos puntos a través de un camino cargado de una prosa ambigua y leve como la misma muerte.

Por el camino: deliciosas frases cargadas de sentimiento que responden, o no, a una pregunta: ¿Qué es la vida?

Con sus apenas ochenta páginas “La sentencia de Muerte” no es una novela fácil, pero si muy intensa y que agradará a todos aquellos que lean más allá del best-seller. Por mi parte y sin duda: toca releerlo.


Cómo hacer un blog interesante

Pues por mucho que he reflexionado al respecto (vamos hasta donde he conseguido llegar yo), no he dado con una respuesta a cómo hacer de un blog algo interesante. Es más, lejos de llegar a una conclusión, me han surgido más preguntas: ¿Porqué escribir un blog? ¿Porqué no una simple página con fotografías? Así quien decidiera entrar en la página o lo hiciera por error (que esto suele pasar, al menos a mi) vería las fotografías y ya está. Claro que haciendo esto último perdería la posibilidad de explicar el porqué de una imagen o simplemente no podría explicar qué admiro o me ha sorprendido de nuestro tiempo. Vamos, que la imagen de nuestra sociedad que crearía sería mucho menos rica. ¡Ojo! , no quiero decir que con un blog vaya a serlo más o que dar una imagen fiel de nuestros días sea mi objetivo único. Simplemente, con un blog es más fácil recrear algo de vida, algo más allá de un ser impersonal, de una máquina. Esta última reflexión me devuelve al punto de partida: ¿Cómo hacer un blog interesante? Mi conclusión: ni idea. Así que partiendo de este punto, se me han roto todos los prejuicios y me he puesto a escribir esta entrada.

En fin, que si alguien tiene la fórmula mágica para hacer un blog interesante… definitivamente… que no me la cuente (a quienes las escriben por la red ya les digo que siempre que me he encontrado ante ellas, las he obviado como se obvia una tableta de chocolate blanco en un estante de tabletas de chocolate con leche). ¿Porqué? Pues porque si tuviera que seguir una reglas para todas y cada una de las entradas del blog, el sentir que debo cumplir con todas y cada una de esas normas para hacer algo interesante seguramente me impediría actualizar a menudo y mataría la “frescura” de una reflexión repentina (como les pasa a muchos blogs de la net). En cuanto a el porqué de escribir un blog lo dejo para otra entrada, así como el problema del Gran Hermano que supone escribir un blog, la teoría de la publicidad y atracción, las formas de expresión artística en la net, y cómo un blog (siendo anónimo o no) puede romper la incomunicación de nuestra época y crear una cultura de cooperación y multiplicidad de expresiones.

Escribir

Y que conste, con esta entrada no pretendo crear ninguna regla. Como cuenta Natalie Goldberg: “Cuando es vuestro momento de escribir, escribid y punto” (del libro “Writing down the bones”, que fue traducido con el desafortunado título de “El gozo de escribir” [ISBN 13: 978-84-87403-09-5]).

Escribir, eso es lo que hago.


El hilo de la historia

libro_playaLa semana no podía empezar mejor. La trama de la novela por fin empieza a tomar forma. Ya tengo a los personajes, los emplazamientos, los acontecimientos y el tipo de narrador. Ahora “sólo” queda incluir los últimos cambios en la escaleta argumental y dejar que me acribillen en el Ateneo de escritura para poder continuar creando el pacto con el lector y un estilo sólido. En fin, que esto avanza justo cuando pensaba que estaba estancado. Sí, hoy he vuelto a dar un paso más.

La foto que ilustra esta entrada es de hace 4 años. Técnicamente no es muy buena. Que dices: ¿y porque la pondrá entonces en su segunda entrada en esta web?. Pues bien sencillo, esconde un secreto: todo la novela parte de esta fotografía. Toda. Aunque cuando la tomé, la verdad, aún no conocía a los personajes ni sabía lo importante que iba a ser el desierto para el protagonista. Va a ser cierto eso de “la acción genera inspiración”. Seguramente si no hubiera hecho esta foto, la novela no sería en absoluto como es ahora. En cualquier caso: ¡Hay que ver dónde puede uno encontrar inspiración!

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