Jikokudani, el parque de los monos (地獄谷野猿公苑)
Al norte de Tokyo, en la prefectura de Nagano se encuentra Jikokudani. Uno de los infiernos de Japón. Conocido de este modo por sus aguas termales naturales.
Sin embargo, uno de los atractivos más importantes de la zona es sin duda el parque natural que se encuentra a 50 minutos en autobús desde la ciudad olímpica de Nagano.
La zona es tranquila y agradable. Perfecta para amantes del senderismo. Aunque sin duda, lo más destacable es la zona del parque donde durante el invierno los monos bajan a tomar su baño caliente al estilo japonés. ¡Vamos, que hasta los monos practican la arraigada tradición del ofuro!
Si os gusta la naturaleza, la fotografía y tenéis pensado ir a Japón en invierno, éste es un lugar que no os podéis perder. Porque cuando está nevado los monos no salen del agua y es muy fácil fotografiarlos.
Las fotos que documentan el post son de finales de marzo. Ya no había prácticamente nieve y los monos se dedicaban a jugar entre ellos. Aunque también se bañaron al final del día.
Para acabar os dejo con un video del parque montado por Senseidani.
http://vimeo.com/62944673
Butoh, la danza de la oscuridad
Una vez acabado el curso de fotoperiodismo en el CFD con Edu Ponces, del colectivo Ruido Foto, os presento mi proyecto final: La Danza de la oscuridad. Un breve reportaje sobre Butoh, una danza contemporanea nacida en Japón tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki e inspirada en los supervivientes que vagaban por las calles con los ojos colgando sobre sus mejillas. Una danza de movimientos a veces dulces y muchas desgarradores.
Doy aquí las gracias a Rosana Barra, organizadora del festival Barcelona en Butoh, por permitirme tan amablemente el acceso a este mundo onírico que sólo sus bailarines son capaces de crear.
Podéis ver el resto del reportaje en:
La danza de la oscuridad o acudiendo el 19 de febrero al CFD, donde se proyectarán todos los proyectos del curso.
(Spanish) Una boda shintoista
El shintoismo (神道 shintō?), o « camino de los dioses, es la religión autóctona de Japón y tan antigüa como el propio país. Sus raíces se remontan a creencias prehistóricas. Combina la veneración a los espíritus de los antepasados con el culto a los espíritus de la naturaleza. Pues se cree que de esos espíritus surgieron los dioses.
El shinto es una de las pocas religiones que no tienen doctrina, ni fundador, ni preceptos morales, ni imágenes. Es una vía, un camino, y para seguirlo sólo hay una regla: avanzar por el camino que señale el corazón.
Las bodas shintoistas como os podréis imaginar, son tremendamente tradicionales y diferentes en muchos aspectos a las cristianas.
Bajo la atenta mirada de los familiares, y antes de entrar al templo para celebrar la boda, se suelen tomar las fotos de la pareja.
La toma de fotos suele ser un proceso bastante lento. Pues vestir a las novias no es tarea fácil. El traje es bastante pesado y no les permite moverse demasiado. Para que os hagáis una idea: en las dos bodas que presencié había, sin contar al fotógrafo, cuatro personas preparando a las novias para las fotos.
Supongo que os estaréis preguntando que hace con un kimono de colores la chica de las fotos. Pues es que además de fotografiarse con el blanco, las novias también se ponen encima otro kimono llamado uchikake. Éste es un kimono de seda, de mangas largas y adornado con bordados de colores y generalmente con motivos tomados de la naturaleza; que se considera una parte más del kimono nupcial.
Y después de la sesión de fotos toca el protocolo. El gentío se dirige al templo y, primero los invitados, luego la familia y por último los novios, entran todos para que el monje oficie la ceremonia.
Todas las fotos de este post las tomé en el Meiji Jingu. Un templo de Tokyo bastante importante y dónde prácticamente todos los domingos se celebran un par de bodas. Así que si aún no habéis visto una de estas celebraciones ya sabéis dónde tenéis que ir en vuestra próxima visita a Tokyo.
(Spanish) Dairakudakan: Butoh y danza contemporanea japonesa
Ya os había hablado antes sobre mi primera experiencia con el Butoh. Bien, pues después de haber visto varios espectáculos e incluso haber tomado un curso intensivo con Rosana Barra (la directora del Festival Barcelona en Butoh); ayer el espectáculo de la compañía Dairakudan me volvió a descolocar por completo.
El butoh (舞踏 Butō?) es más danza que teatro, y su punto de partida es la idea de volver al cuerpo primigenio, a aquellos movimientos y gestos que, con el paso del tiempo, hemos olvidado; de volver al cuerpo que la guerra nos robó (por algo nació tras el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki). Por ese motivo los espectáculos suelen estar envueltos en un manto de melancolía y dolor. Sin embargo, el Paradise in the Jar Odyssey 2001 de Dairakudakan ha roto todos mis esquemas.
Yo esperaba ver algo parecido a lo que a estaba acostumbrado y ya empezaba a identificar como butoh, pero me encontré con una mezcla de humor y drama inimaginable en occidente. Composiciones musicales excelentes, canciones conocidas, risas incontenibles y silencios desgarradores. Creo que no hay nada que haya visto hasta la fecha que se le parezca y que sea luz y oscuridad al mismo tiempo. Y todo contado con la simplicidad de unos cuerpos casi desnudos. ¿Se puede decir más con menos?
Reconozco que no es un espectáculo para todos los estómagos. En él lo macabro y lo mágico se dan la mano de forma magistral, y ya sea para odiarlo o para amarlo, no deja indiferente.
Sólo pude arrancar tres instantáneas del espectáculo a la oscuridad, que son las que ilustran este post. Espero, en un futuro no muy lejano, tener la oportunidad de documentar un espectáculo de butoh desde cerca. Retratar esos rostros desencajados y esas posturas y gestos imposibles. Que me expliquen de primera mano, qué es exactamente esta extraña danza que se adueña del espacio como si ella misma, no fuera más que espacio.


















