Un paseo por Japón
Ayer volví de Japón y esta vez tengo la sensación, más que nunca, que un trocito de mi se ha quedado allí. Porque allí es a donde pertenecía. Un país en la otra punta del mundo con tantas contradicciones como maravillas, y que cada día me apasiona más.
Por supuesto, poco a poco os enseñaré algunos de los rincones del país, pero para adaptar el paladar a los sutiles sabores orientales, os dejo con uno de los videos que Senseidani ha montado para la ocasión. ¡Espero que os guste este rápido paseo!
Jigokudani, el parque de los monos (地獄谷野猿公苑)
Al norte de Tokyo, en la prefectura de Nagano se encuentra Jigokudani. Uno de los infiernos de Japón. Conocido de este modo por sus aguas termales naturales.
Sin embargo, uno de los atractivos más importantes de la zona es sin duda el parque natural que se encuentra a 50 minutos en autobús desde la ciudad olímpica de Nagano.
La zona es tranquila y agradable. Perfecta para amantes del senderismo. Aunque sin duda, lo más destacable es la zona del parque donde durante el invierno los monos de cara roja bajan a tomar su baño caliente al estilo japonés. ¡Vamos, que hasta los monos practican la arraigada tradición del ofuro!
Si os gusta la naturaleza, la fotografía y tenéis pensado ir a Japón en invierno, éste es un lugar que no os podéis perder. Porque cuando está nevado los monos no salen del agua y es muy fácil fotografiarlos.
Las fotos que documentan el post son de finales de marzo. Ya no había prácticamente nieve y los monos se dedicaban a jugar entre ellos. Aunque también se bañaron al final del día.
Si queréis saber en todo momento el estado en directo de la zona donde los monos bajan a bañarse, podéis acceder a este enlace del parque.
Y para acabar os dejo con un video del parque montado por Senseidani, en lo que espero se convierta en una dinámica habitual en el blog: más material multimedia para los sentidos.
Butoh, la danza de la oscuridad
Una vez acabado el curso de fotoperiodismo en el CFD con Edu Ponces, del colectivo Ruido Foto, os presento mi proyecto final: La Danza de la oscuridad. Un breve reportaje sobre Butoh, una danza contemporanea nacida en Japón tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki e inspirada en los supervivientes que vagaban por las calles con los ojos colgando sobre sus mejillas. Una danza de movimientos a veces dulces y muchas otras desgarradores.
Doy aquí las gracias a Rosana Barra, organizadora del festival Barcelona en Butoh, por permitirme tan amablemente el acceso a este mundo onírico que sólo sus bailarines son capaces de crear.
Podéis ver el resto del reportaje haciendo click aquí o acudiendo el 19 de febrero al CFD, donde se proyectarán todos los reportajes del curso.
La Ceremonia del té japonesa
El pasado domingo la biblioteca japonesa de Barcelona celebró los 20 años que lleva abierta con una modesta pero bonita fiesta. Hubo actividades para los niños, venta de libros a 50 centimos (¡Eso sí que son precios para reirse de la crisis!), degustación de repostería japonesa e incluso una ceremonia del té.
La ceremonia del té es un ritual para preparar el té verde japonés o matcha (抹茶). Aunque también es un Dou: un camino hacia la sabiduría y la espiritualidad como también lo són la caligrafía, el arreglo floral o las artes marciales. Tradiciones todas ellas muy arraigadas en la cultura japonesa y que no siempre son fáciles de entender a la mentalidad práctica de occidente (dónde preparar un té se limita a tirar agua caliente sobre unas hierbas).
Dado que la ceremonia del té o chadou (茶道) es un camino a la sabiduría, no es de extrañar pues, la delicadeza estudiada de cada uno de los gestos necesarios para servir la bebida. Transmitidos de generación en generación como disciplina espiritual y que requiere años de estudio.
Ha sido la primera vez que he asistido a una ceremonia del té y que he tomado matcha, pero os aseguro que no será la última. ¡Estaba delicioso!
Y vosotros ¿habéis probado alguna vez el matcha?
Una boda shintoista
Ya sabéis lo mucho que me interesa el folklore, las costumbres y los usos sociales que los seres humanos utilizamos para expresar nuestra espiritualidad y adueñarnos del espacio. Por eso hoy os traigo una serie de fotos de una boda shintoista. Un verdadero despliegue de color y tradición.
Pero empecemos por el principio: ¿Qué es el shintoismo? El shintoismo (神道 shintō?), o “camino de los dioses”, es la religión autóctona de Japón y tan antigua como el propio país. Sus raíces se remontan a creencias prehistóricas. Combina la veneración a los espíritus de los antepasados con el culto a los espíritus de la naturaleza. Pues se cree que de esos espíritus surgieron los dioses.
El shinto es una de las pocas religiones que no tienen doctrina, ni fundador, ni preceptos morales, ni imágenes. Es una vía, un camino, y para seguirlo sólo hay una regla: avanzar por el sendero que señale el corazón.
En la imagen sobre estas líneas podéis ver a una novia vestida con el kimono tradicional, el shiromuku.(白無垢). Es de un impoluto blanco símbolo de pureza y metáfora de que la novia está dispuesta a que el novio lo “tiña de colores”. Además esta chica lleva sobre su cabeza un gorro llamado wataboshi (綿帽子), uno de los más elegidos por las novias. Aunque existe otra variedad de gorro: el tsunokakushi (角隠し), que podéis ver en la penúltima imagen del post. El gorro es una parte esencial del traje. Tradicionalmente el primero se llevaba durante la ceremonia y el segundo después de la ceremonia, aunque actualmente se llevan según los gustos de cada cual.
En un jardín, bajo la atenta mirada de los familiares, y antes de entrar al templo para celebrar la boda, se suelen tomar las fotos de la pareja.
La toma de fotos suele ser un proceso bastante lento. Pues vestir a las novias no es tarea fácil. El traje es bastante pesado y no les permite moverse demasiado. Para que os hagáis una idea: en las dos bodas que presencié había, sin contar al fotógrafo, cuatro personas preparando los vestidos y arreglando las pelucas. Porque sí, llevan pelucas durante la ceremonia.
Supongo que os estaréis preguntando qué hace con un kimono de colores la chica de las fotos. Pues es que además de fotografiarse con el blanco, las novias también se ponen encima otro kimono llamado uchikake. Éste es un kimono de seda, de mangas largas, adornado con bordados de colores y generalmente con motivos tomados de la naturaleza; y que se considera una parte más del kimono nupcial.

Y después de la sesión de fotos toca el protocolo. El gentío se dirige al templo y, primero los invitados, luego la familia y por último los novios, entran todos para que el monje oficie la ceremonia. Pero esta parte la dejamos para la intimidad de las parejas.
Por si os lo estáis preguntando, todas las fotos de este post las tomé en el Meiji Jingu. Un templo de Tokyo bastante importante y dónde prácticamente todos los domingos se celebran un par de bodas. Así que si aún no habéis visto una boda shintoista, ya sabéis dónde tenéis que ir en vuestra próxima visita a Tokyo.
The Japan Photo Project
El pasado jueves se presentó en la galería The Private Space el libro de “The Japan Photo Project“. Llevo un año siguiendo este proyecto que embarcó a sus autores (Tina y Toru) en un viaje en caravana por Japón durante 365 días. El objetivo: retratar el país del sol naciente desde el colorido punto de vista de un extranjero (Tina Bagué) y desde la austera mirada en blanco y negro de un japonés (Toru Morimoto).
Aunque mis compromisos laborales me impidieron llegar a tiempo al coloquio, tuve la oportunidad de experimentar el entusiasmo de los asistentes ante la obra fotográfica. Cuando llegué la galería estaba a rebosar, y por suerte, incluso llegué a ver a los artífices de este maravilloso trabajo que me dedicaron su libro.
El libro, que recoge una selección de 181 de las imágenes de este proyecto, lleva por título “Nippon – Japan”. Curiosamente el mismo título que utilicé para mi primer foto libro y que podéis ver aquí. Y tanto el papel como el encuadernado son un regalo a los sentidos. Uno se queda con ganas de más y más imágenes de Tina y Toru. Y viendo algunas de las muchas fotos que han tomado y que no han utilizado en el libro, estoy seguro que acabaran formando parte de artículos de revista y de varios de sus futuros trabajos.
Para los que queráis ver la exposición y estéis en Barcelona, podéis pasar por The Private Space (C/ Roc Boronat 37) hasta el próximo 17 de noviembre. Eso sí, si pensáis comprar el libro de la exposición es probable que tengáis que esperar, pues la primera tirada de 500 ejemplares estaba prácticamente totalmente reservada. Yo, por suerte, lo había comprado hacía un mes a través de la web y ya se ha convertido en una de las joyas de mi biblioteca.
Dairakudakan: Butoh y danza contemporanea japonesa
Ya os había hablado antes sobre mi primera experiencia con el Butoh. Bien, pues después de haber visto varios espectáculos e incluso de hacer un curso intensivo con Rosana Barra (la directora del Festival Barcelona en Butoh); ayer, el espectáculo que la compañía Dairakudan ofreció en el Mercat de les Flors, me descolocó por completo.
El butoh (舞踏 Butō?) es más danza que teatro. Su punto de partida es la idea de volver al cuerpo primigenio, a aquellos movimientos y gestos que, con el paso del tiempo, hemos olvidado. Y, dado que nació tras el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, sobre todo trata de volver al cuerpo que la guerra nos robó. Por ello los espectáculos suelen estar envueltos en un manto de melancolía y dolor. Pero como os he dicho, el Paradise in the Jar Odyssey 2001 de Dairakudakan me ha roto todos estos esquemas.
Esperaba ver algo parecido a lo que estaba acostumbrado y ya empezaba a identificar con danza contemporanea japonesa, pero me encontré con una mezcla de humor y drama inimaginable en occidente. Composiciones musicales excelentes, canciones conocidas, risas incontenibles y silencios desgarradores. Creo que no hay nada que haya visto hasta la fecha que se le parezca y que sea luz y oscuridad al mismo tiempo. Y todo contado con la simplicidad de unos cuerpos casi desnudos. ¿Se puede decir más con menos?
Reconozco que no es un espectáculo para todos los estómagos. En él lo macabro y lo mágico se dan la mano de forma visceral, y ya sea para odiarlo o para amarlo, no deja indiferente.
A la oscuridad del escenario sólo pude arrancarle tres instantáneas. Las que ilustran este post. Espero, en un futuro no muy lejano, tener la oportunidad de documentar un espectáculo de butoh desde cerca. Retratar esos rostros desencajados y esas posturas y gestos imposibles. Que me expliquen de primera mano, qué es exactamente esta extraña danza que se adueña del espacio como si ella misma, no fuera más que espacio.
“Paprika” de Yasutaka Tsutsui
“Su conciencia empezó a resquebrajarse y, en el inasible espacio que dejaban los fragmentos caídos, imágenes absurdas empezaron a filtrarse por entre las grietas de su mente”
Paprika, pág. 42
Ya hace unas semanas que terminé de leer “Paprika”, reciente publicación de la editorial Atalanta.Y aprovecho para haceros una breve reseña, que como siempre digo: “el alma del fotógrafo debe nutrirse de todas las artes para enriquecer su visión del mundo”.
El estilo de Yasutaka Tsutsui me ha gustado más que bastante. Es fresco, desenfadado, dinámico y en algunos puntos consigue un ritmo vertiginoso.
En cuanto al argumento, decir que cuenta la historia de Atsuko y Tokita, dos científicos nominados al Nobel que han inventado una máquina capaz de grabar los sueños y a través de la cual pueden curarse enfermedades psicológicas. Hasta aquí tal vez parezca una trama algo rocambolesca, pero os aseguro que no es más que la punta del iceberg. ¿Que pasaría si esa máquina cayera en manos equivocadas? ¿Quien será esa tal Paprika que se introduce en los sueños de la gente adinerada? ¿Es ella quien está volviendo loca a media ciudad? ¿Cuál es la frontera entre la realidad y los sueños? ¿Dónde queda la intimidad en un mundo donde ni los sueños son privados?
Sin embargo, y aunque he disfrutado de la historia, hay un sutil deus ex machina que me ha destrozado la novela. Sí, al final, cuando todo parece imposible de salvar, el autor se saca de la manga una solución que, aunque verosímil, es como si dios bajara de los cielos para decir: “va venga, lo resuelvo yo”. Una verdadera lástima porque de haber resuelto de otro modo ese punto (del cual no daré más información para no destripar la historia) la novela sería redonda.
Definitivamente no se trata del tipo de novelas que leo habitualmente, pero es muy recomendable para las tardes de verano (con una leche rizada al lado) o para leer en el tren. Nada demasiado complejo, con un punto de humor negro a la japonesa y fácil de leer. Estoy seguro que si no fuera por ese maldito deux ex máquina esta obra habría llegado antes a tierras occidentales. Porque a pesar de la tremenda modernidad del texto, “Paprika” es de 1993. Sí, mucho antes de que arrasaran en taquilla Matrix y Origen. Película esta última que guarda sospechosas similitudes con la obra del Sr. Yasutaka.
No es de extrañar pues, que la modernidad de sus textos haya convertido a Yasutaka en un autor de culto en su país y que su obra haya inspirado más de una película. “Paprika” fue incluso adaptada por el gran director de animación Satoshi Kon a una película homónima con una estupenda banda sonora. Sino juzgad vosotros mismos:
En conclusión, tengo claro que no se convertirá en mi novela preferida pero entiendo perfectamente que lo sea de muchos otros. Si buscáis algo entretenido y diferente a la literatura americana y europea: no lo dudéis, Paprika, la detective de los sueños, no os defraudará.
Ahora es el momento
Seguramente sean las endorfinas que despierta este sol tardío de verano, pero hay días, como hoy tal vez, en los que todo parece posible. En los que como dice la canción “tenemos todos los semáforos en verde a la vez” y para nuestra sorpresa, la niebla desapareció del camino. En días como éste da igual lo que nos depare el destino, lo importante no es eso, sino seguir nadando. Y cual pez desmemoriado de Pixar, con la esperanza de que el final sea al menos tan feliz como el de una película de dibujos animados, seguimos nuestro camino de baldosas amarillas hacia la ciudad de los sueños cumplidos.
¡Feliz domingo a todos!
Fiesta mayor Gran Via por Força Japó!
Este 4 de junio fue la fiesta mayor de Gran Via (Barcelona). Se celebró en el mercado de Gran Vía y aunque hubo country, conciertos y hasta se asó una vaca entera, voy a centrarme en la participación de Força Japó! en esta celebración. Força Japó! es una plataforma que reúne a jóvenes japoneses residentes en Barcelona unidos para dar a conocer su país y recaudar fondos para ayudar a los damnificados por el terremoto y posterior tsunami que azotó Japón el pasado 11 de marzo.
Con este motivo organizaron varios talleres que se integraron en el mercado entre los puestos habituales. Así, entre carnicerías y fruterías se instaló un taller de caligrafía amenizado con la austera sensibilidad del samisen (especie de guitarra tradicional japonesa). En él Yayoi Doho, maestra de caligrafía de Shodo Studio, escribía lo que el visitante solicitara. Casi todos los puestos del mercado acabaron con su nombres escritos en japonés.
El taller de papiroflexia tuvo mucho éxito entre los más pequeños. Principalmente se realizaron grullas de papel. Se eligió la grulla como figura principal ya que existe una leyenda nipona que dice que a quien consiga hacer mil grullas de papel se le concederá cualquier deseo.
Por supuesto, algunos miembros de Força Japó! acudieron a la cita con el traje tradicional japones. También se pudo ver algo de danza y hasta un concierto de música clásica y jazz.
Lo más curioso fue ver cómo quienes acudían al mercado se sorprendían por lo exótico y al mismo tiempo cercano de una cultura que les era totalmente ajena. Aunque después de esta pequeña muestra, quizás lo sea un poco menos.
Si tenéis curiosidad por ver lo diferentes que son las fiestas de los barrios de Barcelona quizás también os interese:
Fotografía lo que te gusta
Estos días, siguiendo los consejos de David Duchemin, estoy haciendo un listado de lo que me gusta fotografiar. Quiero conocer mi imaginería fotográfica para poder refinarla. Y sí, entre otras muchas cosas, me he dado cuenta que en más de una ocasión acabo disparando delante de una fachada. Algo que tenía por anecdótico lo he descubierto como recurrente en mi galería de imágenes.
Incluso he encontrado un par de post al respecto:
Tengo claro que no es la arquitectura en sí lo que me llama la atención. Sería demasiado fácil. Al fin y al cabo, los arquitectos construyen ordenando rectas y curvas y eso a la fotografía le viene muy bien. Pero no, lo que me hace apretar el disparador son aquellos edificios que están tan impregnados de sus habitantes, que hasta en sus fachadas puede reconocérselos. Viendo éstas imágenes me viene una idea a la cabeza: ¿qué tal sería ir al otro lado de esas fachadas para fotografiar la realidad de esas personas? Definitivamente creo que la fotografía me está llevando mucho más lejos de lo que pensaba la primera vez que sostuve una cámara entre las manos.
Terremoto de magnitud 8.8 azota Japón
Como cada mañana despierto y me preparo para ir al trabajo. Pero esta mañana no se conforma con ser como todas las mañanas. Salgo de casa, entro en el coche y enciendo la radio. Alcanzo a la mitad la frase que el locutor de turno pronuncia con un inusual tono circunspecto para esas horas: no se conoce otro terremoto de estas características. “El mundo no anda bien”, pienso. Una morbosa curiosidad agudiza mi atención. “¿Dónde habrá ocurrido la desgracia?”. El locutor, con una manida frase resultado de la falta de datos al respecto, no tarda en desvelar la duda: Un terremoto de magnitud 8.8 ha sacudido la costa noreste de Japón. Desde que hay registro no se conoce otro terremoto de estas características. Y el corazón me da un vuelco. “¿Está todo el mundo que conozco allí bien?”. Ante las limitaciones inherentes de la radio para mostrarme imágenes al respecto, acuden a mí las de otro 11 de marzo hace 7 años. Las del peor atentado terrorista en la historia de Europa. En aquella ocasión 10 bombas estallaron en la red de Cercanías de Madrid. Resultado: 192 muertos y más de 2.000 heridos. Pero esto no son bombas, se trata de otro tipo de catástrofe. Uno contra el que no se puede combatir. Cojo el móvil e intento contactar con todos aquellos compañeros de viaje cuyos nombres no me son ajenos. Y espero, espero sin paciencia para saber que están bien. Por suerte no tardan demasiado en dar respuesta.
Para cuando me doy cuenta he llegado a la oficina. Todo está en su sitio. Aquí no hay rastro de terremoto. Únicamente la rutina de la que tanto nos quejamos y que si nos falta, echamos tanto de menos. Definitivamente esta mañana se ha ganado su inicidad a pulso. Hoy no es como ayer. Y si no lo es para mi que estoy en la otra punta del mundo, no quiero imaginar cómo debe ser para quienes lo están viviendo de cerca. Me siento y enciendo el monitor. Una pantalla me pide mi nombre de usuario y contraseña. Por supuesto, la oficina tiene un sistema de autoencendido de los ordenadores para que no tengamos que perder tiempo por la mañana iniciando el pc. Introduzco los datos y empieza a cargar la normalidad del dia aunque por dentro sienta una réplica del terremoto que hace poco se ha vivido en Japón.
Tras la jornada loboral, y ya en casa, empiezo a ser consciente de la magnitud de la tragedia de ese 8.8. Ventajas de la globalización: gracias a twitter, a la BBC y a la TBS me informo de la situación. No funcionan los trenes, los ascensores, cayó la red telefónica, la emisión televisiva afectada, incendios, caos, cascadas de coches, una marabunta de gente bagando por las calles, los comercios agotan sus víveres… Este terremoto ha sido el mayor en 140 años, superando incluso al gran terremoto de Kanto del 1 de septiembre de 1923, en el que murieron más de 140.000 personas en el área de Tokio. Sin embargo, en esta ocasión parece que el balance será mucho menor. Aunque el número real de herido que las estadísticas ya reclaman no lo conoceremos hasta de aquí a unos días.
Y desde aquí no me queda más que enviar fuerza a quienes están viviendo estos momentos y dar ánimos a los reporteros gráficos que documentan esta catástrofe para la posteridad.
Para quienes queráis saber más de primera mano sobre el terremoto les recomiendo TBS (japonés) y BBC (inglés). Y también enlace al servicio localizador de personas facilitado por google.
Imágenes: Agencia EFE
Más imágenes: Daily Mail
Campaña electoral japonesa
De Japón pueden sorprender muchas cosas, pero sin lugar a dudas lo que más me choca es como un país tan tecnológicamente avanzado acaba haciendo cosas como esta:
No es muy avanzado que el aspirante a alcalde haga campaña sobre una camioneta. No, sinceramente las contradicciones de Japón no me dejarán de sorprender. ¿Os imaginais a nuestro políticos haciendo esto?
Butoh: de la vida y la muerte, si llegas a entenderlo
Barcelona acoge hasta el próximo 1 de agosto el festival de teatro “Grec”. Este año, además centra su mirada en la nuevas tendencias japonesas de la escena (que nunca he sabido qué quiere decir esta expresión pero queda bien). Así que, “¡qué mejor momento para aprovechar y instruirse un poco!” – pensé. Y como quien no quiere la cosa, me encontré en el Teatre Lliure esperando que empezara un espectáculo de Butō.
El teatro estaba a rebosar, y eso que ese domingo había fútbol en la tele. Todo tipo de gente buscaba su butaca, desde fashion victims con rebeca a abueletes con rebeca (¡y luego dicen que las diferentes generaciones no tienen nada en común!). Pero lo que más me sorprendió fue la cantidad de extranjeros. En la gradería se podía escuchar inglés, japonés, francés y algo de alemán. Un verdadero babel dispuesto a disfrutar de un arte interpretativo que no requiere de palabras.
Para quienes no sepáis qué es el butō (y sé que seremos la mayoría), diré que es un modo de expresar la existencia del cuerpo en el espacio. Ya sé que esto es como no decir nada, pero es que durante las representaciones de butō no se pronuncian más palabras que las de alguna canción. Con ello se pretende que el espectador sienta, a través de los cuerpos desnudos o pintados de blanco de los intérpretes, las emociones de la oscuridad y lo místico. Buf! Es realmente difícil de explicar. Pero lo cierto es que si resulta difícil de explicar, más lo resulta entenderlo, pues el butō sólo puede sentirse.
Lanzándome a la arena os diré, que en el espectáculo de Ko Murobushi al que tuve el placer de acudir, me emocioné con una primera parte sobre la muerte y la reencarnación, y me quedé frío con la segunda (aunque el público prorrumpió en aplausos, vítores y demás alabanzas haciendo que el Sr. Murobushi tuviese que saludar nada más y nada menos que ocho veces). En cualquier caso, en ambas partes de la “obra teatral”, los actores, pintados de blanco, caían y se levantaban ante las desgracias del mundo en un escenario negro como Nagasaki tras la gran explosión de la bomba atómica. Por algo esta danza? nació inspirada en tal desgracia.
Aún ahora, recordando el espectáculo, soy incapaz de clasificarlo como danza, teatro, performance o tomadura de pelo. Sin duda me tocará volver a verlo con una mente más abierta y menos humanista para verificar si soy capaz de sentirlo, en lugar de intentar entender tantos aplausos.
Y si no le habéis echado un ojo aún, reproducid el vídeo de la entrada para que os hagáis una idea de lo que os hablo.
Ni de Eva ni de Adam, Amélie Nothomb

Al parecer, huir es poco glorioso. Lástima, porque es muy agradable. La huida proporciona la más formidable sensación de libertad que se pueda experimentar . Te sientes más libre huyendo que si no tienes nada de lo que huir. El fugitivo tiene los músculos de las piernas en trance, la piel temblorosa, las fosas nasales palpitantes, los ojos abiertos.El concepto de libertad es un tema tan manido que las primeras palabras me hacen bostezar. La experiencia de la libertad es otra cosa. Uno debería tener siempre algo de lo que huir, para cultivar esa maravillosa posibilidad. De hecho, siempre hay algo de lo que huir, aunque sólo sea de uno mismo.[...]Por la ventana, la interminable Siberia, totalmente blanca de invierno, prisión ideal debido a su inmensidad. Los que huyen mueren perdidos en un exceso de espacio. Es la paradoja del infinito: presientes una libertad que no existe. Es una cárcel tan grande que nunca consigues salir de ella. Vista desde el avión resulta fácil comprenderlo.El Zaratustra que habita en mí se sorprendió al pensar que, a pie, habría dejado huellas en la nieve, y habrían podido seguirme el rastro. Las alas, bendito invento.¿Huida poco gloriosa? Siempre es mejor que dejarse atrapar. El único deshonor es no ser libre.Amélie Nothomb, “Ni de Eva ni de Adán”
Como ya habréis deducido, acabo de leerme “Ni de Eva ni de Adán” – en su versión original en francés eso sí -, y tengo que reconocer que me ha sorprendido gratamente. Y, claro está, la entrada de hoy se la vamos a dedicar a la señorita Amélie Nothomb. ¡Qué ya hace unos días que no hablábamos de ninguna novela!
Tal vez sea la ligereza con la que está escrita, dando los detalles justos para que uno construya el entorno, y la sobriedad de sus metáforas e ironía, lo que convierta esta historia, como dicen los ingleses, en un verdadero “page-turner”. Y es que su argumento engancha desde la primera página: La propia escritora, Amélie, es una joven estudiante belga que pronto se incorporará a una gran empresa tokyota. Pero antes de aterrizar en el duro panorama laboral japonés (narrado en “Estupor y temblores“), Amélie disfrutara de la ligereza de los años de universidad. El único periodo de relax que todo japonés tiene antes que su vida se vea constreñida por las estrictas normas que rigen la edad adulta. Así pues, y decidida a aprender japonés enseñando el francés, Amélie-autora nos sumerge en una relación amorosa (o no) entre Amélie-personaje y Rinri, un japonés decidido a aprender francés.
Con semejante trama seguramente os diréis que lo único exótico que puede tener esta novela sea que esté ambientada en el Japón de 1989. Pero nada más lejos de la realidad. La prosa de la novela está tan desnuda de artificio que hace que nos creamos a la protagonista totalmente. Claro que el hecho que se trate de una “ficción autobiográfica” narrada en primera persona, le da más verosimilitud. Eso sí, y a pesar del buen saber hacer de la escritora, sólo recomiendo esta novela para leer en verano. Ya sé que puede parecer una estupidez, pero ésta es una novela demasiado suave para leer en invierno, época en la que se necesitan leños que calienten durante un buen tiempo, y no sólo que ardan rápido. Porque es que la novela se lee en unas pocas horas.
En cualquier caso, recomiendo esta novela a quienes disfruten de los malentendidos interculturales, del país del sol naciente (con una visión occidental), de las historias de amor, de las historias que no quieren hablar de amor, y a quienes aún crean que el camino para entender a otra persona es más complicado que comprenderse a uno mismo.
XV Salón del Manga de Barcelona
Este fin de semana se ha celebrado el XV Salón del Manga de Barcelona con un ya esperado éxito de público. Más de 60.000 personas han pasado este año por Hospitalet para disfrutar de este evento al que acude gente no sólo de toda España, sino también de Europa.
Claro que la realidad es que, a pesar de haber tan sólo 133 expositores entre editoriales, fanzines y asociaciones, el espacio se les queda pequeño; y la oferta no difiere de la que hay en las tiendas habituales de Barcelona – aunque supongo que esto sólo lo notarán los barceloneses, y que para el resto de público seguramente es un paraíso otaku -. Y eso sin hablar de la masificación de público a determinadas horas. Imaginad: yo he ido a pasear las al final de esta tarde, último día del Salón, por aquello de poder andar, vamos.
Por otro lado y, a pesar de todos esos peros, siempre es entretenido acercarse a este evento aunque sólo sea para sacar unas cuantas fotografías de quienes acuden al Salón disfrazados de sus héroes del manga y anime (lo que se denomina hacer cosplay y que, por supuesto, proviene de Japón). Eso me hace pensar que, tal vez, lo próximo que se nos “pegue” a los españoles de los japoneses sea la dedicación al trabajo y la preocupación por mantener el entorno limpio y unas relaciones humanas sanas…
En cualquier caso, y dejando de soñar sobre el trasvase cultural japo-cañí, a continuación os dejo algunas instantáneas del Salón del Manga de éste año para que aquellos que no lo conozcan puedan hacerse una idea de cómo es:

El disfraz de los lazos (qué ni idea de qué es) impresionaba bastante en directo.




Los cables de Tokyo
En Tokyo, y prácticamente en todo Japón, llama mucho la atención que las calles están anegadas de cables. Cuando uno viaja a uno de los países más desarrollados del mundo no puede más que sorprenderse ante este hecho. ¿Qué hacen todos estos cables cruzando el cielo? Si en Europa todo va por el suelo ¿porqué no aquí?

La respuesta tiene su razón de ser en los terremotos. Como el país se encuentra en una zona donde confluyen varias placas tectónicas, los terremotos son relativamente habituales y condicionan el tipo de construcciones e instalaciones del país. Por esta razón los cables están por fuera de los edificios: si un edificio cae o hay una avería en la red eléctrica o de fibra óptica, las reparaciones son mucho más fáciles cuando los cables no están sepultados. Ello arrastra otra ventaja: conectarse a la red eléctrica o a internet es muy sencillo ya que sólo hay que tirar un cable hacia el poste más cercano y hacerlo pasar por un par de calles. Ese es el secreto de sus conexiones a internet tan rápidas y demás comodidades que en Europa no podemos soñar ni pagando un precio considerable. Y es que además, en Japón, y con una instalación y reparación tan fácil de llevar a cabo, los precios de los servicios de comunicación están por los suelos.
En la foto podéis ver como no exagero respecto a la cantidad de cables que hay en las ciudades, y además podéis observar cómo se procede para su reparación. Qué, ¿Cómo lo veis? ¿Os imagináis semejante imagen en Europa con lo ordenados que nos enseñaron a ser los romanos?
Foto-libro iphoto 日本 Japan
Impolutamente embalado, sin manchas, arrugas o error de impresión alguno, por fin, ya me llegó desde los Países Bajos el fotolibro de Apple.
Como dije en la anterior entrada, éste es el primer fotolibro que he hecho y, por supuesto, el primero con Iphoto. Lo cierto es que dudaba del tiempo que iba a tardar en llegar y del estado en el que lo haría, pero no ha tardado ni quince días desde que lo envié y ha llegado perfecto.
La calidad de la impresión es más que buena y los colores difieren tan sólo levemente en intensidad a los del monitor (son un poco más oscuros). A pesar de eso la saturación es perfecta y el encuadernado muy profesional. Vamos, que estoy realmente satisfecho con el resultado. Para que veáis cómo es el fotolibro exactamente podéis echarle un ojo al vídeo. Esta vez bajo el título de “日本 Japan” he recopilado algunas de las imagenes del viaje a Japón, pero el próximo será bien diferente…

Pros:
- Acabado final profesional del encuadernado e impresión.
- Recibir un fotolibro diseñado enteramente a tu gusto.
- Rapidez en la impresión y envío del fotolibro.
- Relación calidad/precio.
Contras:
- Si diseñas tú la portada y la subes como imagen pierdes la posibilidad de poner el nombre del libro en el lomo.
- El programa no avisa del sangrado que tiene cada página y que se debe tener en cuenta para no perder información de la imagen en el corte y montaje del libro.
- Si quieres poner muchas hojas el precio se dispara.
Crear un Foto-libro con iPhoto

El tema del post de hoy es claro: crear un Foto-libro con iPhoto. Nunca antes había utilizado este programa y como neófito voy a dar mi valoración al respecto. Es cierto que iPhoto ofrece varias posibilidades de clasificación de fotografías (caras, lugares donde fueron tomadas, fecha de la captura…) pero no voy a entrar en estos aspectos ya que no superan a Lightroom (del cual hablaré en otra entrada). ¿Qué me ha llevado a utilizar iPhoto entonces? Simple y llanamente, que me permitía generar un libro de fotos rápidamente y costumizable.
Los libros de foto de los laboratorios fotográficos convencionales no me convencen (tipo Fotoprix, Fnac, 24×30 …). Las posibilidades que te permiten son muy limitadas, el resultado final me parece bastante amateur, y lo último que quiero cuando hago algo es tener que supeditar el diseño a la disposición que exigen las paginas del programa de creación del libro. iPhoto en este sentido ha resultado ser muy flexible. Si bien es cierto que te hace elegir entre varios temas para crear tu libro, la variedad de posibilidades y rapidez de flujo de trabajo que te ofrece es increible. Desde introducir mapas con las ciudades que visitas (flechas de viaje entre ciudades incluida), hasta un sistema de mejora automática (y manual) de fotografías, resulta de lo más práctico.
En cuanto al proceso de maquetación, unas miniaturas te muestran qué pinta tiene tu libro mientras lo vas creando y te permiten moverte por las diversas páginas con rapidez. No obstante debo reconocer que en el proceso he editado fotografías con Photoshop para incluir texto en ellas ya que iPhoto no te permite poner texto más que en las zonas marcadas a tal efecto por las plantillas. Éste es un gran contra para iPhoto. Sin embargo, y en el lado de los Pro’s, el propio programa te permite hacer el pedido y pagar el libro para que te lo envíen a casa (calcula portes y precio según las páginas del libro).
En cuanto lo reciba crearé una entrada para comentar el resultado. Habrá que ver la calidad de impresión y encuadernado final. Sólo espero que sea tan buena como el propio iPhoto.
ACTUALIZACIÓN: ¡Ya he recibido el libro! Podéis ver el resultado aquí.
Componer una fotografía

Además de saber manejar la cámara fotográfica, aprender a componer una imagen es de lo más importante para obtener buenas instantáneas. Así, cuestiones como la perspectiva, el encuadre (¿horizontal o vertical?), la profundidad (¿defino o no el fondo?) y la luz se convierten en puntos claves para conseguir la imagen que vimos y nos llevó a tomar la fotografía.
Todo esto se puede conseguir con éxito principalmente por dos vías:
- Esperar en un lugar a que la imágen se forme frente a nuestro objetivo espontáneamente.
- Montar la imágen que queremos obtener.
Supongo que estaréis pensando que esto es lo que diferencia a un “artista” de un reportero o de un fotógrafo de estudio. Pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que en ambas vías encontramos fantásticos “artistas”: Cartier Bresson y Willy Ronis, amantes de lo espontáneo; y Robert Doisneau, que no dudaba en pagar a los modelos para que interpretaran la escena que él quería visualizar, por ejemplo.
Yo por mi parte respeto ambas formas de tomar una fotografía pero tengo que reconocer que cuando consigues algo por la vía de Cartier Bresson te sientes realmente satisfecho . Eso sí, esta vía te obliga a tener los ojos muy abiertos para no perder una foto digna de ser tomada.
¿Merece la pena esperar para conseguir “esa” fotografía? A vosotros os toca decidirlo.
Geishas: Pasado y presente
Si algo hay que me gusta de Japón es esa extraña mezcla de tiempo que lo inunda todo. Allí se puede encontrar el artilugio más moderno que podamos imaginar al lado de una cuchara o una tetera quien sabe de que dinastía. Para muestra, aquí tenéis una geisha con un coche a lo lejos y su teléfono móvil en la mano (como buena japonesa no podía ser de otra manera, claro).

Al principio me pareció muy curioso puesto que las geishas hoy en día representan la tradición del país. Pero después, tras documentarme un poco, caí en la cuenta que no debiera extrañarme ver a una geisha con móvil o incluso con mp3 en sus manos. Porque las Geishas en su época fueron baluartes de la modernidad. Sí, ellas eran las que marcaban tendencia, las más modernas. Y aunque hoy en dia parezcan de lo más tradicional, han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Al fin y al cabo, no son monjas, si no maestras del entretenimiento. No servirse de la nueva tecnología y quedar desplazadas de la sociedad sólo las habría puesto en extinción.
Sunshine city, las mejores vistas de Tokyo
Desde la planta 60 del Sunshine city (Ikekuburu, Tokyo), se puede ver a la ciudad perderse en el infinito. Las luces están por todos lados. Desde aquí uno constata que la ciudad no duerme nunca, que está demasiado ocupada en expandirse como para dormir. Eso sí, en Ikebukuro, a parte de las vistas de la ciudad no hay mucho más que ver. Bastante paradójico.

No es Japón todo lo que reluce
Supongo que habréis notado que la cabecera de la web está hecha de fotos de Japón. Bueno, pues esto se debe a que el último avión que he cogido me llevó al país de los tamagotchis (también me trajo). 15 días breves pero muy intensos que han dado para 32 Gb de fotos. Qué queréis, uno no viaja todavía muy a menudo hasta la otra punta del mundo. Eso sí, ¡me queda mucho trabajo por delante! En 32 Gb caben muchas fotos, y ahora toca seleccionarlas, recuadrarlas y retocarlas. Aunque no me voy a quejar por ello. No hay nada que me guste más que tener mucho material fotográfico para poder trabajar. La fotografía, junto con la escritura, es una de las pocas actividades de las que disfruto más del proceso de creación que de lo que es el resultado final.
Como podréis imaginar esta “casa en las afueras” se va a nutrir durante una temporada de fotos de Japón. Pero no desesperéis los alérgicos a los monográficos, que no sólo de Oriente se vive, y las fotos e impresiones irán llegando poco a poco.
Por el momento os dejo con fotos de algunos de los barrios de Tokyo. Como podréis comprobar son muy diferentes entre ellos a pesar de formar parte de la misma ciudad. Tal vez el hecho de que cada uno de ellos esté dedicado a un público diferente sea lo que los diferencie tanto a los unos de los otros. Por orden:
Shibuya, el barrio de los adolescentes ávidos de moda
Ginza, la Quinta Avenida de Tokyo
Roppongi Hills, el barrio donde los extranjeros salen de fiesta
Akihabara, el paraíso tecnológico-freak
En próximas entradas, más barrios de Tokyo.













































