by SALIENDODEMI

Francia

Lugar Indefinido

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Foto tomada en ese lugar en el que la vida se ríe de la muerte y la muerte se come la vida.


VISA POUR L’IMAGE 2009: International Festival of Photojournalism

VISADel 29 de Agosto al 13 de Septiembre, y como cada año, el Festival Internacional de Fotoperiodismo más importante del mundo abre sus puertas en la ciudad francesa de Perpignan. ¿Quién iba a decir que cuando se empezó con este festival llegaría a su vigésimo primera edición con tan buena salud? Veintiún años son muchos y a pesar que año tras año los hay quienes se empeñan en decir que el fotoperiodismo ha muerto, VISA POUR L’IMAGE sigue demostrando que en el mundo pasan infinidad de cosas que merecen ser contadas y que, por suerte, existen buenos fotógrafos para hacerlo.

Abbas, Françoise Demulder, Care, Dominic Nahr y Jérôme Sessini son sólo algunos de los fotógrafos que exponen. Y por si eso no fuera suficiente, las exposiciones y eventos se reparten por toda la ciudad. Podréis acceder al mercado, al claustro de una iglesia o hasta al camposanto para disfrutar de una buena sesión de fotografía. Realmente inmejorable.

En resumidas cuentas, recomiendo a aquellos que gusten de la buena fotografía que se acerquen aunque sea únicamente un día a Perpignan para ver las exposiciones y proyecciones que VISA ofrece. Todo normalmente gratuito o a un precio ínfimo, y en lugares de lo más insólito.

Si queréis saber más sobre las exposiciones, horarios y cómo llegar podéis visitar la web oficial del festival VISA POUR L’IMAGE.


La sentencia de Muerte, de Maurice Blanchot

maurice“Tenía el presentimiento de que una traición invisible se estaba fraguando, uno de esos actos desgarradores de los que nadie sabe nada, que empiezan en la oscuridad y terminan en el silencio, y contra los cuales la desgracia ignorada no puede defenderse”.

“La sentencia de Muerte”, Maurice Blanchot

Una de mis grandes pasiones es la literatura, y siempre estoy ávido de conseguir nuevas lecturas que me llenen el espíritu y abran nuevas puertas. Este fin de semana he acabado de leer “La sentencia de Muerte“, de Maurice Blanchot (gracias Rolando por la recomendación). Es la primera obra que leo de este gran dramaturgo francés y seguramente no será la última. Con una prosa ligera y trascendente Monsieur Blanchot es capaz de convertir la realidad en un mundo onírico construido tan sólo de vida y muerte. O lo que es lo mismo: de un amor por la vida con un fuerte apego a la muerte.

Intentaré hacer un breve bosquejo sobre la trama, aunque debo confesar que no tengo muy claro aún qué sucede exactamente porque es un poco fragmentaria. La historia se centra principalmente en dos acontecimientos: la muerte física de una mujer y la muerte en “vida” de un hombre. Estos dos hechos constituyen el fin de la historia y el autor lleva al lector hacia estos puntos a través de un camino cargado de una prosa ambigua y leve como la misma muerte.

Por el camino: deliciosas frases cargadas de sentimiento que responden, o no, a una pregunta: ¿Qué es la vida?

Con sus apenas ochenta páginas “La sentencia de Muerte” no es una novela fácil, pero si muy intensa y que agradará a todos aquellos que lean más allá del best-seller. Por mi parte y sin duda: toca releerlo.


Paneles sin dirección

carteles

De repente levantas la vista para saber hacia donde debes dirigirte y las indicaciones te dejan perplejo: las flechas de dirección apuntan sin indicar ningún destino. El camino está en el aire, piensas. Sí, el camino te esconde esta vez su destino para que disfrutes del trayecto. Y sigues andando esperando que la providencia te lleve hacia donde quieres llegar. Con la esperanza, claro está, de que si no es así, seguro que los paneles de la próxima esquina iluminaran la dirección de tus pasos.

Nota: Por si alguien lo piensa, simplemente comentar que la fotografía no es ningún montaje ni está retocada. Tan solo es la parte de detrás de los paneles de dirección. Porque sí, los paneles de dirección tienen una parte trasera muy fotogénica.


El sur siempre es el sur

Equilibrio

Ya de vuelta de mi escapada a Perpignan me queda esa sensación de que el sur de un país, por muy al norte que éste esté, siempre es el sur. Vamos, que la gente más abierta y agradable (en general) suele estar al sur de cualquier pais. Al menos esa es mi experiencia, que dista mucho de haber visitado el mundo entero. Aunque con un poco de suerte todo se andará…

El caso es que uno se siente como en casa cada vez que vuelve al sur. Aunque no se haya visitado nunca. Claro que en mi caso, los amigos que guardo allí y que siempre me reciben con una calurosa bienvenida, tienen mucho que ver para que me sienta tan a gusto.

El sur de Francia: Perpignan, Montpellier, Narbonne, Canet, Céret, Colliure, Avignon, Carcassone, Nimes, Séte… y otras tantas ciudades rodeadas de marismas y molinos de viento, además, fueron los lugares donde la mayor parte de artistas de las primeras vanguardias (Picasso, Juan Gris, Joan Maragall , Pablo Gargallo …) crearon sus obras más importantes. ¿Qué más se puede decir de la belleza de estas tierras? Si artistas de esa talla consiguieron inspirarse en el sur, algo tiene que tener.

En este viaje pero, no he podido más que pasear una vez más por Perpignan y visitar Villeneuve de la Raho. Un pequeño pueblo construido al rededor de un lago artificial precioso, a las afueras de Perpignan. La foto que ilustra este post (sin retocar) es precisamente de ese lago. Lo del equilibrio en ese descenso ya es más complicado.


Douce France

Sin título

De aquí a unas pocas horas vuelvo a los orígenes. Vuelvo a Francia, a ese dulce rincón del sur que me vio nacer, a ver a mi gente. No, no nací en el sur de Francia (al menos no la primera vez) y no, no voy a París. Pero es que por suerte y a pesar de muchos, Francia no es sólo París. Aunque el centralismo del gobierno se empeñe en lo contrario y el cine promocione últimamente el norte de Francia, el sur es de los sitios más bonitos que he visitado (y en el que he vivido).

Mañana fotos del sur, pero hoy, para contentar a los románticos y adictos a París, la foto es para la Tour Eiffel. Porque que me guste el sur de Francia y no veere a aquellos que sólo idolatran la ciudad de la luz, no implica que deje de lado el encanto que destila la capital de la República.

Douce France, cher pays de mon enfance…

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