Semana Santa en Barcelona
La Semana Santa, además de unas breves vacaciones, es la conmemoración anual cristiana de la tortura, muerte y resurrección de Jesucristo. Personalmente no soy muy religioso que digamos, pero me maravilla toda la liturgia que envuelve estos actos. Esa mezcla entre barroca y kitsch; y la energía que mueve a tantas personas en una sola dirección, no dejará nunca de sorprenderme.
Para quienes no conozcáis la semana santa (que será probablemente porque no vivais en España), os diré que una de las actividades típicas de estas fiestas es que las hermandades saquen a sus vírgenes en procesión por toda la ciudad. Aunque no siempre escoltada por la policía como en la primera imagen.
Las procesiones o desfiles se dan en toda la geografía española. Eso sí, por experiencia propia os digo que la semana santa andaluza no se puede comporar, en magnitud y participación, con ninguna de otra comunidad autónoma. En sevilla, por ejemplo, no es sólo un fenómeno sociocultural, sinó también turístico y económico de gran importancia. Y por ello se le ha declarado hasta de interés turístico internacional.
Las fotos que ilustran esta entrada pertenecen a la procesión de “María Santísima de la Esperanza Macarena”del Viernes Santo en Barcelona. Me encontré con ella cuando me acerqué a tomar un chocolate caliente al centro con unos amigos, y no pude evitar tomar algunas imágenes.
Y vosotros, ¿habéis visto alguna procesión?
Una boda shintoista
Ya sabéis lo mucho que me interesa el folklore, las costumbres y los usos sociales que los seres humanos utilizamos para expresar nuestra espiritualidad y adueñarnos del espacio. Por eso hoy os traigo una serie de fotos de una boda shintoista. Un verdadero despliegue de color y tradición.
Pero empecemos por el principio: ¿Qué es el shintoismo? El shintoismo (神道 shintō?), o “camino de los dioses”, es la religión autóctona de Japón y tan antigua como el propio país. Sus raíces se remontan a creencias prehistóricas. Combina la veneración a los espíritus de los antepasados con el culto a los espíritus de la naturaleza. Pues se cree que de esos espíritus surgieron los dioses.
El shinto es una de las pocas religiones que no tienen doctrina, ni fundador, ni preceptos morales, ni imágenes. Es una vía, un camino, y para seguirlo sólo hay una regla: avanzar por el sendero que señale el corazón.
En la imagen sobre estas líneas podéis ver a una novia vestida con el kimono tradicional, el shiromuku.(白無垢). Es de un impoluto blanco símbolo de pureza y metáfora de que la novia está dispuesta a que el novio lo “tiña de colores”. Además esta chica lleva sobre su cabeza un gorro llamado wataboshi (綿帽子), uno de los más elegidos por las novias. Aunque existe otra variedad de gorro: el tsunokakushi (角隠し), que podéis ver en la penúltima imagen del post. El gorro es una parte esencial del traje. Tradicionalmente el primero se llevaba durante la ceremonia y el segundo después de la ceremonia, aunque actualmente se llevan según los gustos de cada cual.
En un jardín, bajo la atenta mirada de los familiares, y antes de entrar al templo para celebrar la boda, se suelen tomar las fotos de la pareja.
La toma de fotos suele ser un proceso bastante lento. Pues vestir a las novias no es tarea fácil. El traje es bastante pesado y no les permite moverse demasiado. Para que os hagáis una idea: en las dos bodas que presencié había, sin contar al fotógrafo, cuatro personas preparando los vestidos y arreglando las pelucas. Porque sí, llevan pelucas durante la ceremonia.
Supongo que os estaréis preguntando qué hace con un kimono de colores la chica de las fotos. Pues es que además de fotografiarse con el blanco, las novias también se ponen encima otro kimono llamado uchikake. Éste es un kimono de seda, de mangas largas, adornado con bordados de colores y generalmente con motivos tomados de la naturaleza; y que se considera una parte más del kimono nupcial.

Y después de la sesión de fotos toca el protocolo. El gentío se dirige al templo y, primero los invitados, luego la familia y por último los novios, entran todos para que el monje oficie la ceremonia. Pero esta parte la dejamos para la intimidad de las parejas.
Por si os lo estáis preguntando, todas las fotos de este post las tomé en el Meiji Jingu. Un templo de Tokyo bastante importante y dónde prácticamente todos los domingos se celebran un par de bodas. Así que si aún no habéis visto una boda shintoista, ya sabéis dónde tenéis que ir en vuestra próxima visita a Tokyo.
Fiesta mayor Gran Via por Força Japó!
Este 4 de junio fue la fiesta mayor de Gran Via (Barcelona). Se celebró en el mercado de Gran Vía y aunque hubo country, conciertos y hasta se asó una vaca entera, voy a centrarme en la participación de Força Japó! en esta celebración. Força Japó! es una plataforma que reúne a jóvenes japoneses residentes en Barcelona unidos para dar a conocer su país y recaudar fondos para ayudar a los damnificados por el terremoto y posterior tsunami que azotó Japón el pasado 11 de marzo.
Con este motivo organizaron varios talleres que se integraron en el mercado entre los puestos habituales. Así, entre carnicerías y fruterías se instaló un taller de caligrafía amenizado con la austera sensibilidad del samisen (especie de guitarra tradicional japonesa). En él Yayoi Doho, maestra de caligrafía de Shodo Studio, escribía lo que el visitante solicitara. Casi todos los puestos del mercado acabaron con su nombres escritos en japonés.
El taller de papiroflexia tuvo mucho éxito entre los más pequeños. Principalmente se realizaron grullas de papel. Se eligió la grulla como figura principal ya que existe una leyenda nipona que dice que a quien consiga hacer mil grullas de papel se le concederá cualquier deseo.
Por supuesto, algunos miembros de Força Japó! acudieron a la cita con el traje tradicional japones. También se pudo ver algo de danza y hasta un concierto de música clásica y jazz.
Lo más curioso fue ver cómo quienes acudían al mercado se sorprendían por lo exótico y al mismo tiempo cercano de una cultura que les era totalmente ajena. Aunque después de esta pequeña muestra, quizás lo sea un poco menos.
Si tenéis curiosidad por ver lo diferentes que son las fiestas de los barrios de Barcelona quizás también os interese:
San Jordi en Barcelona
Cada día 23 de abril se celebra sant Jordi en Cataluña, y las calles de la ciudades se llenan de rosas y libros. Pasear por Barcelona este día es realmente agradable. Porque aunque hay muchísima gente por todos lados (más de lo habitual), el aroma a rosas, los conciertos, los escritores firmando y el buen tiempo lo compensan. Supongo que estaréis pensando que con eso del buen tiempo me he pasado, que porque sea san Jordi no va a salir el sol. Pues no sé si será por eso, pero aún no he conocido un san Jordi pasado por agua. Ni siquiera el de este año que ha caído en semana santa.
Floristera preparando las rosas
¿Porqué rosas y libros?
Pues porque en este día es tradición que los hombres regalen a la mujer amada una rosa acompañada de una espiga de trigo (símbolo de fertilidad) y que las mujeres les obsequien un libro. Ésta tradición se remonta varios siglos atrás y con el paso de los años se asoció el hecho de regalar rosas a la leyenda de San Jordi, instaurándose así dicha tradición en el 23 de abril.
Cuenta la leyenda que San Jorge, un soldado romano, salvó a una bella princesa de ser devorada por un dragón que chantajeaba a todo un reino. Les amenazaba con destruirlo todo si una vez al año no le ofrecían una bella joven con la que llenar la tripa. San Jorge, al pasar por la zona, indignado por la atrocidad, clavó su lanza en el dragón hasta matarlo y toda la sangre derramada por el monstruo se convirtió en rosales. De ahí la campaña de márketing, ejem, quiero decir, tradición, de regalar rosas.
En cuanto a regalar libros. El 23 de abril fue instaurado por la UNESCO día internacional del libro en 1995 y se regalan en muchos países. Aunque en Barcelona esto se hace desde 1930, cuando se fijó el 23 de abril como día nacional del libro. Lo del 10% de descuento en libros en este día, y las firmas de libros de los escritores, ya podéis imaginar que es un poco más moderno.
Recomendación: si vais a visitar la ciudad en san Jordi, mejor que sea a primera hora de la mañana. Es cuándo menos gente hay y más agradable es pasear.
Romería a la catalana
No, la romería a la catalana no es un tipo de salsa, ni una composición culinaria creada por “el Bulli“. Romería es el nombre que se da a la procesión que cientos de feligreses hacen una vez al año para cantar y rezar a la virgen del Rocío en la aldea almonteña de Ronda el Rocío (en la provincia de Huelva, Andalucía).
Sin embargo, no todos los devotos de la virgen pueden permitirse el lujo de peregrinar durante varias semanas hasta allí para verla. ¿Qué hacen entonces? Pues se montan su pequeño rocío, con virgen incluida, un poco más cerca de casa. Más concretamente, al lado de la mía. Yo que pensaba que en esta casa a las afueras todo iba a ser más calmado…, y voy y descubro que una vez al año una troupe de rocieros acampan pocos cientos de metros más allá de mi ventana. Esto no lo avisaron cuando enseñaban la casa…
Supongo que pensaréis: pero si sólo son unos cuantos feligreses. Por supuesto esa respuesta sólo demostrará o que nunca habéis ido a una romería, o que no soy extranjeros y no conocéis el espíritu ibérico. Porque en estas concentraciones, además de rezos, hay mucho, mucho, mucho cante “jondo”, alcohol, petardos, vestidos de lunares, caballos y hasta el denominado “salto de la reja” a las cuatro de la mañana. Y es que, la romería, más que una tranquila plegaria a la virgen, es una fiesta por todo lo alto, con fritangas, migas, gazpacho, “rebujitos” y demás delicatessen que nada tienen que envidiar a las de Ferran Adrià. Vamos, un verdadero espectáculo de alegría andaluz, en este caso, a la catalana. Digno de ver al menos una vez en la vida.

Entrada al “campamento” rociero

Detalle de las peinetas

No sé quién está más orgulloso de su partenaire

Unas buenas migas con pimientos y rebujito son lo mejor para recuperar fuerzas después de la peregrinación

Cantando a la Virgen. Sentimiento que no falte.

“Guapa, guapa y guapa. Y bonita, y bonita, bonita y bonita. ¿Y porqué? Por que sí”
Estas frases, repetidas como un mantra, no dejan de escucharse durante todo el rocío.

Cuidando los pendones de la virgen que traen las hermandades

“Pa’ mi niña, lo que ella quiera”

El atuendo típico de un rociero

Y claro, después, toca descansar…
Una verdadera boda senegalesa
En estos días además de estresarme con la mudanza he tenido la suerte de ser el fotógrafo de una boda senegalesa (cristiana, eso sí). Ha sido una verdadera experiencia porque, si bien es cierto que esto de las bodas, bautizos y comuniones no es lo que más me interesa del mundo de la fotografía; no puedo negar que retratar un celebración, y además una como ésta, me ha hecho disfrutar como un niño.
Porque claro: ¿a cuantas bodas habéis ido donde se toque tambores dentro de la iglesia, se cante en francés y en wólof y al salir se tiren mantas al suelo en señal de respeto para que todo el mundo baile?
Para que os hagáis una idea de cómo fue todo, os dejo unas cuantas imágenes que me gustan especialmente por la alegría del momento. Y es que resistirse al son del “Djembe” sin ponerse a bailar es imposible. Claro que ellos lo tienen fácil porque llevan el baile en la sangre.
Castellers (Castillos humanos): L’anxaneta

Els “Castells” o Castillos Humanos son una tradición en los países catalanes que se supone se inició en Valencia en el siglo XVIII. Con el paso de los años estos “Castells” se han ido haciendo más complejos y ahora els “castellers” (como se llaman las personas que hacen castillos humanos) construyen verdaderas obras de ingeniería que desafían la ley de la gravedad.
Cuando tenga la oportunidad de hacer más fotos a “Castells” os haré otra entrada al respecto. Hoy quiero centrarme en el “anxaneta”. Con este nombre es como se llama al más pequeño de los castellers. Pero no os penséis que por ello es el menos importante. Más bien al contrario. El anxaneta, que suelen ser niños y niñas de escasos 8 años, tienen la misión más difícil de todas: subir a lo más alto de la torre humana. Hasta que el anxaneta no “fa el cim” (sube, y levanta la mano), el castillo no se entiende como acabado y se puede descargar.
Pocos son los que se atreven a tocar el cielo por miedo a la caída (que no suele ser precisamente pequeña). ¿Dejarías a vuestros hijos “fer el cim”?
Fiestas de Gracia: Correfoc

El pasado viernes empezaron las fiestas del barrio de Gracia de Barcelona, una de las fiestas más populares de la ciudad. Y como suele ser tradición en las fiestas catalanas, se inauguraron con “correfocs”. Para quienes no los conozcan: los “correfocs” son un espectáculo pirotécnico en el que la multitud corre para esquivar los fuegos artificiales de dragones, diablos y demás personajes fantásticos de la mitología que invaden las calles de la ciudad. Un verdadero espectáculo de fuego, humo y explosiones en la calle, vamos.
El origen de los “correfocs” es un poco difuso, y aunque se cree que data de los años 70 cuando de forma improvisada la gente empezó a disfrazarse de dragones y diablos, saltando y bailando con el fuego para animar las fiestas de los pueblos; fue durante la década de los 80 y los 90 que se difundió por toda Cataluña. Durante esta época se convirtieron en espectáculos donde el bien luchaba contra el mal.

En cualquier caso el olor a pólvora, las explosiones de los petardos, los bailes de los diablos, la gente corriendo para no quemarse, los adolescentes haciéndose los valientes y uniéndose a los diablos, y los tambores a ritmo de batuca; hacen de los “correfocs” algo digno de ver y que suele congregar a todo el barrio. No todos los días se libra una lucha entre el bien y el mal en las calles del barrio.





























