Diafragma

Mathiew era algo desgarbado. Cualquiera que se lo hubiera cruzado tendría claro que si algo no era, era corriente. Delgado y bastante alto, siempre vestía de azul y su vida se regía por la máxima de que el universo existía simplemente para que lo observáramos.

Quizás fuera esa capacidad de observación que había cultivado con los años, lo que hacía tan interesantes sus conversaciones. Porque por supuesto, además de estrambótico, también era un gran conversador. Poco podía imaginar yo entonces, que fuera aquella charla que mantuvimos bajo un cielo metálico, lo que le llevaría a…

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