Terremoto de magnitud 8.8 azota Japón


Como cada mañana despierto y me preparo para ir al trabajo. Pero esta mañana no se conforma con ser como todas las mañanas. Salgo de casa, entro en el coche y enciendo la radio. Alcanzo a la mitad la frase que el locutor de turno pronuncia con un inusual tono circunspecto para esas horas: no se conoce otro terremoto de estas características. “El mundo no anda bien”, pienso. Una morbosa curiosidad agudiza mi atención. “¿Dónde habrá ocurrido la desgracia?”. El locutor, con una manida frase resultado de la falta de datos al respecto, no tarda en desvelar la duda: Un terremoto de magnitud 8.8 ha sacudido la costa noreste de Japón. Desde que hay registro no se conoce otro terremoto de estas características. Y el corazón me da un vuelco. “¿Está todo el mundo que conozco allí bien?”. Ante las limitaciones inherentes de la radio para mostrarme imágenes al respecto, acuden a mí las de otro 11 de marzo hace 7 años. Las del peor atentado terrorista en la historia de Europa. En aquella ocasión 10 bombas estallaron en la red de Cercanías de Madrid. Resultado: 192 muertos y más de 2.000 heridos. Pero esto no son bombas, se trata de otro tipo de catástrofe. Uno contra el que no se puede combatir. Cojo el móvil e intento contactar con todos aquellos compañeros de viaje cuyos nombres no me son ajenos. Y espero, espero sin paciencia para saber que están bien. Por suerte no tardan demasiado en dar respuesta.

Para cuando me doy cuenta he llegado a la oficina. Todo está en su sitio. Aquí no hay rastro de terremoto. Únicamente la rutina de la que tanto nos quejamos y que si nos falta, echamos tanto de menos. Definitivamente esta mañana se ha ganado su inicidad a pulso. Hoy no es como ayer. Y si no lo es para mi que estoy en la otra punta del mundo, no quiero imaginar cómo debe ser para quienes lo están viviendo de cerca. Me siento y enciendo el monitor. Una pantalla me pide mi nombre de usuario y contraseña. Por supuesto, la oficina tiene un sistema de autoencendido de los ordenadores para que no tengamos que perder tiempo por la mañana iniciando el pc. Introduzco los datos y empieza a cargar la normalidad del dia aunque por dentro sienta una réplica del terremoto que hace poco se ha vivido en Japón.

Tras la jornada loboral, y ya en casa, empiezo a ser consciente de la magnitud de la tragedia de ese 8.8.  Ventajas de la globalización: gracias a twitter, a la BBC y a la TBS me informo de la situación. No funcionan los trenes, los ascensores, cayó la red telefónica, la emisión televisiva afectada, incendios, caos, cascadas de coches, una marabunta de gente bagando por las calles, los comercios agotan sus víveres… Este terremoto ha sido el mayor en 140 años, superando incluso al gran terremoto de Kanto del 1 de septiembre de 1923, en el que murieron más de 140.000 personas en el área de Tokio. Sin embargo, en esta ocasión parece que el balance será mucho menor. Aunque el número real de herido que las estadísticas ya reclaman no lo conoceremos hasta de aquí a unos días.

Y desde aquí no me queda más que enviar fuerza a quienes están viviendo estos momentos y dar ánimos a los reporteros gráficos que documentan esta catástrofe para la posteridad.

Para quienes queráis saber más de primera mano sobre el terremoto les recomiendo TBS (japonés) y BBC (inglés). Y también enlace al servicio localizador de personas facilitado por google.

Imágenes: Agencia EFE

Más imágenes: Daily Mail

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