Sueño de una noche del pasado

puerta

Miraba a todos lados sin ver absolutamente nada. La iglesia era preciosa. Como todas las iglesias italianas, pensó. Estaba a punto de marchar de gótico saturado cuando, de repente, suddenly et tout d’un coup, una señora desconocida, de pelo demasiado negro para su edad y delgada como una manzana tras varias semanas en la cocina, le cogió del brazo y señaló esa puerta en ningún sitio. La puerta que colgaba del techo. La puerta que hubiera marchado sin ver si ella no la hubiera señalado. Ella tiró de su brazo para ponerlo a su altura, acercándole mucho a su cara. Y mirando fíjamente a sus ojos, en un italiano más que cerrado, dijo varias frases de las que sólo llegó a comprender algo así como que “esa puerta es muy importante”. La señora le soltó el brazo. Él miró la puerta un momento y cuando se giró para analizar un poco más el aspecto de aquella señora, no encontró más que un par de turistas cuchicheando en la otra punta de la iglesia.

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