Adaptador Fisheye (ojo de pez) de Lomo
Tomar una fotografía está limitado, entre otros muchos factores, por el ángulo de visión de nuestro objetivo. ¿Cuántas veces has hecho un par de fotos de una situación para después unirlas en Photoshop? ¿Y cuántas, en el mejor de los casos, te has dado cuenta que pierdes la frescura o que las imágenes ni si quiera encajan entre ellas? Una solución, tal vez extrema: Un ojo de pez (fisheye). Ya sea un objetivo o un adaptador.
Harto de no poder meter todo lo que quería en las imágenes, me hice con un adaptador fisheye para reflex de Lomo. No he tenido mucho tiempo para experimentar con él, pero puedo decir que este aparato abre un mundo nuevo de posibilidades fotográficas.
La ventaja del adaptador fisheye de lomo es que puede ponerse en el objetivo de cualquier reflex con uno de los aros adaptadores con los que viene. Enroscar y listo: imágenes de 120 mm de diámetro. Sí, se pueden encontrar adaptadores de más diámetro pero no con la luminosidad del de Lomo y a su precio.Inconvenientes: que debe estar completamente limpio y que el parasol en el que podemos enroscar un filtro polarizante para evitar ralladuras tiene un pequeño juego que hace que el filtro no quede totalmente fijo.
Conforme lo vaya utilizando ya os indicaré cuánto merece o no la pena. De momento os dejo un par de imágenes para que juzguéis vosotros mismos:


¿Laboratorio analógico o Photoshop?
La experiencia en un laboratorio analógico es pura magia. Desde revelar el negativo a la positivación todo es fascinante (si no eres químico claro, porque para mi hermano esto no son más que reacciones).
En mi opinión todo amante de la fotografía debe pasar al menos una temporada trabajando en un laboratorio fotográfico en blanco y negro. ¿Que porqué? Pues porque es un modo de poder comprobar físicamente cómo se retoca una fotografía, y porque se adquieren nuevas nociones sobre el uso de diafragmas y filtros. Y sobre todo, porque ver aparecer la fotografía en la cubeta no tiene precio.
Pero ¿qué es mejor: el retoque analógico o el digital? Sin lugar a dudas: el digital. Porque aunque es cierto que se pierde esa magia de hacer los retoques con tus propias manos (virados y reservas no son los mismo en Photoshop…), y no ves cómo se revelan tus imágenes; pero la calidad final de la imagen está más controlada en Photoshop y éste te permite trabajar más rápido. Con Photoshop puedes tratar una imagen hasta la saciedad sin miedo a degradarla ni a gastar cantidades considerables de dinero en papel y líquidos de revelado hasta obtener la copia que quieres. Vamos, que el mayor invento de Photoshop (y de cualquier otro programa de retoque) es poder deshacer los pasos andados. Porque no nos equivoquemos, para un fotógrafo una imagen no es más que una imagen y la tratará con aquella herramienta con la que obtenga los resultados que más se parezcan a lo que quiere mostrar al mundo. Y sí, Photoshop nos hace la vida más fácil en este sentido, pero todos sabemos que no es tan sencillo de manejar como los legos puedan pensar. Porque eso de: “Bah! eso está hecho con Photoshop!” que algunas perdonas exclaman, suele esconder horas y horas de trabajo detrás.
Yo fui en su día un defensor a ultranza del artesano que se esconde tras el fotógrafo que revela en analógico, pero lo cierto es que con Photoshop puedo llevarme el laboratorio donde quiera, me cuesta mucho menos dinero y puedo incluso continuar con el trabajo justo en el punto donde lo dejé el día anterior. Y eso no lo supera ningún laboratorio tradicional.
Y vosotros ¿Qué preferís: laboratorio analógico o Photoshop? ¿Qué os ha enseñado un laboratorio analógico y no Photoshop? ¿Y Photoshop?
Nota: imagen completa en esta entrada
MAGNUM MAGNUM, el libro

Hace ya unos días Senseidani me obsequió por mi cumpleaños con este pedazo de regalo. El libro de MAGNUM MAGNUM es una de esas joyas que no pueden faltar en la colección de ningún aficionado a la fotografía. En sus página encontramos una selección de las “mejores” 400 fotografías de los 69 miembros de la agencia MAGNUM (elegidas por sus propios miembros). Del blanco y negro al color, de Robert Capa a Patrick Zachmann, de la fotografía humanista a la más conceptual… Un manantial de inspiración editado por Lunwerg de forma exquisita para conmemorar los 60 años de existencia de dicha agencia.
Para quienes no conozcan la agencia MAGNUM simplemente cuatro notas:
- Fue una de las primeras (por no decir la primera) cooperativa de fotografía fundada en el mundo.
- Fue fundada en 1947 por fotógrafos de la talla de Robert Capa, David Seymour “Chim”, Henri Cartier-Bresson, George Rodger y Bill Vandivert.
- Por primera vez, y mediante esta agencia, los fotógrafos guardaban los derechos de sus fotos, que eran cedidas para su publicación en diarios, revistas y demás medios de comunicación.
- Sus miembros han sido testigos de los cambios que el tiempo ha traído al mundo y han divulgado la historia de la humanidad con sus fotografías.
No estaría mal pertenecer un día a este gran colectivo de profesionales.
De momento sólo queda aprender de ellos y soñar.
Componer una fotografía

Además de saber manejar la cámara fotográfica, aprender a componer una imagen es de lo más importante para obtener buenas instantáneas. Así, cuestiones como la perspectiva, el encuadre (¿horizontal o vertical?), la profundidad (¿defino o no el fondo?) y la luz se convierten en puntos claves para conseguir la imagen que vimos y nos llevó a tomar la fotografía.
Todo esto se puede conseguir con éxito principalmente por dos vías:
- Esperar en un lugar a que la imágen se forme frente a nuestro objetivo espontáneamente.
- Montar la imágen que queremos obtener.
Supongo que estaréis pensando que esto es lo que diferencia a un “artista” de un reportero o de un fotógrafo de estudio. Pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que en ambas vías encontramos fantásticos “artistas”: Cartier Bresson y Willy Ronis, amantes de lo espontáneo; y Robert Doisneau, que no dudaba en pagar a los modelos para que interpretaran la escena que él quería visualizar, por ejemplo.
Yo por mi parte respeto ambas formas de tomar una fotografía pero tengo que reconocer que cuando consigues algo por la vía de Cartier Bresson te sientes realmente satisfecho . Eso sí, esta vía te obliga a tener los ojos muy abiertos para no perder una foto digna de ser tomada.
¿Merece la pena esperar para conseguir “esa” fotografía? A vosotros os toca decidirlo.





