Contaminación acústica
La madre que grita: “¡Quieres estarte quieto ya!”. Los vendedores anunciando alguna oferta: “¡Seis euros tres! ¡Seis tres!”. Los semáforos piando. El tráfico, lleno de autobuses. La música estridente que sale del coche de algún adolescente que acaba de sacarse el carné. El grupo de extranjeros de rigor celebrando una despedida de soltero. Músicos callejeros que se ganan el jornal a cambio de una ración de ruido.
Ruido. Si algo hay en una gran ciudad es ruido. Ensordecedor ruido. Y a pesar de lo molesto que resulta la mayor parte de los días, no siempre nos damos cuenta de la suerte que tenemos de poder padecerlo.

Aunque demasiado ruido sea un día la causa de nuestra sordera. ¿Sería así como este señor llegó a quedarse sordo? ¿Escuchó demasiado hasta desgastar su sentido auditivo?





