Literatura, fotografía y otros viajes

Archive for febrero, 2009

Jazz en el Montseny

Sucede en ocasiones que te encuentras lo más inesperado a la vuelta de la esquina.

Un día dices: “voy a ver a esos amigos que hace tanto que no veo”. Y de repente estás paseando por un pueblecito muy mono a 1 hora de casa con un frío que pela. Y tomas un café en un bar con calefacción. Y comes paella en un restaurante perdido en la montaña. Y acabas paseando por el Montseny. Y como si todo eso fueran pocas “ies” para “un día en el que has decidido ver a tus amigos”, en medio de la montaña aparece una furgoneta rosa. En un paisaje bucólico, claro está. Y de la furgoneta salen las notas (más que afinadas) de un saxofón bien templado. Jazz en las montañas. Nunca te hubieras planteado ponerle esa banda sonora a un día frío de montaña, pero es perfecto.

Y te das cuenta que lo mejor de lo inesperado (para bien) es que suele estar a la vuelta de la esquina y que te topas de bruces con ello sin siquiera planearlo.

furgoneta


Fotografiar Gestos

Hay gestos difíciles de entender, gestos que nos abren un mundo nuevo, gestos cotidianos y otros incluso extraordinarios. Pero a pesar de la infinidad de gestos existente y de que cada uno de ellos es un mundo, todos ellos tienen algo en común:  su corto tiempo de vida.

Los gestos nacen y mueren con un suspiro. Simplemente (se) expresan y perecen. ¿Existirá algún coleccionista de gestos que haya conseguido envasarlos al vacío?

Hoy simplemente dejo constancia de un detalle efímero, de un gesto de uñas y labios rojos robado al tiempo.

Ante todo, y sobre todo, grácias a su autora por regalarme este gesto suyo.


Geishas: Pasado y presente

Si algo hay que me gusta de Japón es esa extraña mezcla de tiempo que lo inunda todo. Allí se puede encontrar el artilugio más moderno que podamos imaginar al lado de una cuchara o una tetera quien sabe de que dinastía. Para muestra, aquí tenéis una geisha con un coche a lo lejos y su teléfono móvil en la mano (como buena japonesa no podía ser de otra manera, claro).

geisha1

Al principio me pareció muy curioso puesto que las geishas hoy en día representan la tradición del país. Pero después, tras documentarme un poco, caí en la cuenta que no debiera extrañarme ver a una geisha con móvil o incluso con mp3 en sus manos. Porque las Geishas en su época fueron baluartes de la modernidad. Sí, ellas eran las que marcaban tendencia, las más modernas. Y aunque hoy en dia parezcan de lo más tradicional, han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Al fin y al cabo, no son monjas, si no maestras del entretenimiento. No servirse de la nueva tecnología y quedar desplazadas de la sociedad sólo las habría puesto en extinción.


Escenarios de Película

Giras la esquina y te encuentras con un curioso escenario donde bien podrían haberse rodado 100 películas. Donde Isabel Coixet haría huir a su protagonista a un nuevo mundo. Donde Almodovar pondría a bailar a unas cuantas arrabaleras, Amenabar cerraría la persiana en un cameo de una de sus películas y los hermanos Cohen dejarían a un reno libre pastando en una esquina.

Yo, lejos de sus estilos, me imagino a Antonia, que cocina siempre galletas de canela tomando una copa de vino tinto, que conoce a todos los chiquillos de su calle. Antonia, que nunca se casó, que se hizo niña, mayor y vieja en su casa, en su calle, de donde nunca salió. Antonia, una mujer moderna que desde que descubrió internet se compra los vestidos negros que exige su edad en una tiendecita cargada de macetas, en Torino. Tal vez no sea una mujer de mundo, pero siempre tuvo mucho gusto.

A quienes le preguntan porqué nunca salió de su casa, ella siempre responde atusándose el cabello: <<Mi mundo es enorme. No necesito más espacio>>.

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Encontrar escenarios es una de mis aficiones. Seguramente muchos de vosotros pensaréis: “¡pues menudo entretenimiento!”. Y seguramente tengáis razón. Hacer puenting, cantar o incluso hacer ganchillo sean para vosotros más emocionantes que buscar escenarios. Pero lo cierto es que buscar escenarios es sólo una buena escusa para salir a pasear por el mundo. Y pasear me ayuda a escribir, a dibujar e inventar el teatro donde van a actuar mis personajes.

Además, uno nunca sabe donde va a encontrar el escenario donde sentir la vida.


Contaminación acústica

La madre que grita: “¡Quieres estarte quieto ya!”. Los vendedores anunciando alguna oferta: “¡Seis euros tres! ¡Seis tres!”. Los semáforos piando. El tráfico, lleno de autobuses. La música estridente que sale del coche de algún adolescente que acaba de sacarse el carné. El grupo de extranjeros de rigor celebrando una despedida de soltero. Músicos callejeros que se ganan el jornal a cambio de una ración de ruido.

Ruido. Si algo hay en una gran ciudad es ruido. Ensordecedor ruido. Y a pesar de lo molesto que resulta la mayor parte de los días, no siempre nos damos cuenta de la suerte que tenemos de poder padecerlo.

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Aunque demasiado ruido sea un día la causa de nuestra sordera. ¿Sería así como este señor llegó a quedarse sordo? ¿Escuchó demasiado hasta desgastar su sentido auditivo?

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